Un Corazón dispuesto a la Verdad.

¿A que llamamos verdad en estos días? ¿será lo que dicen las encuestas, los noticiarios, o lo que piensa la gente? Lo que ha definido nuestro modo de vida, es lo que hemos aceptado en nuestro corazón, lo que definimos como cierto, o correcto. Esto puede ilustrarse perfectamente como aquella mujer de ojos vendados, que porta en sus manos una balanza, la cual se puede mover a conveniencia, inclusive de acuerdo a los deseos más oscuros de nuestro corazón.

 

Perfectamente podemos avalar lo inaceptable, lo más aberrante y justificarlo con miles de argumentos, pero esto no lo convierte en lo más absoluto en verdadero. El profundo deseo por sobrevivir y auto protegernos, nos han llevado a levantar murallas de argumentos.

 

Por otro lado, socialmente buscamos parecer siempre correctos en lo que hacemos. Proyectamos algo que en verdad no somos, pero comúnmente, nos disponemos a juzgar a nuestros semejantes, generalmente sin compasión, o sin buscar entenderlos. Como ya popularmente se dice, es fácil tildar al político de corrupto, pero al mismo tiempo robar evadiendo el cobro en la micro, mostrar un pase escolar falso, cobrar mucho más del precio de un producto, o inventar un negocio basado en una triquiñuela.

 

Así es ciudadanos, nos hemos escondido en la mentira, por eso nos cuesta confiar el uno en el otro, ¿Se ha fijado que, en el transporte público, procuramos sentarnos separados de otros pasajeros? ¿Se ha fijado que en general, nuestras conversaciones son superficiales? Es decir, no estamos dispuestos a exponer nuestras vidas, abrir nuestro corazón y mostrar nuestro lado vulnerable. Desconfiamos del otro, porque también hemos mentido, engañado, robado o aprovechado de alguien y dañado su confianza.

 

Como chilenos, hemos idolatrado la imagen del cóndor, un animal carroñero, que se posiciona al asecho, para nutrirse a expensas de la desgracia de otro. En eso nos convertimos, y de esto debemos arrepentirnos. No vendrá un Chile nuevo desde un presidente, o de los parlamentarios, en realidad no importa por quien votes o hayas votado. Chile es transformado cuando tú te arrepientes de estas cosas y cambias tu forma de pensar. Esto no se trata meramente de cambiar un pensamiento por otro, es mucho más profundo.

 

Los invito a meditar en sus acciones, en sus pensamientos y motivaciones, ya no vale la pena seguir escondiéndose en viejas apariencias, en caretas que ya están rotas, porque su fundamento ha sido la mentira, ya es tiempo de que todos nos expongamos a la luz.

 

Somos culpables cuando la luz y la verdad vienen a nosotros y no nos arrepentimos y persistimos en pensar con maldad, argumentando desde nuestras falsas libertades personales, sin embargo, cuando alguien se expone ante la luz, aunque al principio sea vergonzoso, y dejamos atrás la mentira, caminamos rectamente y buscamos restituir el daño causado, entonces podemos experimentar realmente la libertad, esta libertad solo la puedes experimentar en Cristo.

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