Amados lectores, como comunicador, apasionado por los medios, he seguido desde muy niño la evolución y los cambios que estos han tenido, he vivido y visto desde adentro la revolución tecnológica, que ha provocado los cambios de forma, lenguaje, distribución e infraestructura que utilizan grandes y pequeños medios de comunicación para llegar a ustedes. En las últimas dos décadas, la masificación del Internet y las Redes Sociales, despedazaron la verticalidad que los medios han tenido respecto de la población por décadas, incluso en algunos de ellos, por siglos.

 

Es decir, ya no existe la comunicación unidireccional, o en la cual el medio nos habla y nosotros sólo recibimos el mensaje, sino que hoy en una reciprocidad interactiva, podemos ampliar la gama de temáticas que podemos abordar en un medio, ya no existe un control rígido de contenidos. Esto puede ser una gran oportunidad para hacer una sociedad mejor.

 

Pero existen problemas. Desde que los medios de comunicación necesitaron expandirse y tuvieron la posibilidad, buscaron en las empresas y grandes corporaciones, las alianzas para crecer. Pero a su vez, las grandes empresas, en el afán de vender y ofrecer lo que en realidad la gente NO NECESITABA, encontraron en los medios la posibilidad de manipular la vida de las personas, literalmente levantar ídolos y moldear a las personas “a esa imagen”. Tocaron nuestros más íntimos deseos, nuestras fibras más sensibles para saber qué producto vendernos, y con ello, controlar nuestros patrones de conducta. Durante décadas, hemos sido tratados como consumidores autómatas sin voluntad, pero a su vez con una falsa sensación de “libertad”.

 

El trabajo por décadas de psicoanalistas, grandes corporaciones y empresas, publicistas y medios de comunicación, lograron relativizar los pilares de una sociedad estable, han logrado relativizar su eje central, la familia. Junto con ello, principios que considerábamos intocables, y valores que creíamos infranqueables. En este escenario, cualquier idea que logre tocarnos por dentro, sin mediar necesariamente nuestra racionalidad, puede infectar como virus el colectivo ciudadano, porque ya tiene la plataforma para hacerlo.

Esta plataforma es la idea falsa de “Libertad”, es decir la sensación de que podemos hacer lo que nos plazca, pero al mismo tiempo desear el producto que nos ponen por delante, o más claro aún, “soy libre para desear consumir esto o aquello”. Existen patrones de conducta o ideales moldeados por las marcas y los medios de comunicación.

 

En la época de las redes sociales, no cualquier cosa es popular, estos estereotipos relativos, han impuesto estándares de vida, las ideas más recientes pregonan descaradamente la tolerancia, sin embargo, la pisotean en arremetidas violentas contra cualquier disidente.

 

Los medios de comunicación hoy no están cumpliendo su función. Es triste ver como grandes medios de comunicación, algunos de los cuales han educado y servido al país por décadas, se prostituyen y se rinden como vasallos a las ideas de turno, escupiendo y pisoteando el propósito que los vio nacer. Hacen reverencia a ideas fabricadas vestidas de progreso y libertad, pero sin ser necesariamente masivas ni populares, con las cuales, dicho sea de paso, fornica tanto la izquierda como la derecha. Los Medios venden cualquier idea o producto sin escrúpulos, sin mirar a mediano y largo plazo, el alto costo que tendrá para nuestra sociedad.

 

Los medios de comunicación conllevan la gran responsabilidad de buscar, profundizar, y propagar la verdad. Para ilustrarlo, los Medios de Comunicación, actúan “como espejo de una Sociedad”, el Medio de Comunicación debe reflejar tal cual es una Nación, ante lo cual no debe buscar necesariamente lo subjetivo, sino lo objetivo. Es decir, comunicar reviste la responsabilidad de mantener altos valores en la ciudadanía, promover los únicos fundamentos que permanecerán siempre que la harán fuerte a la sociedad en su conjunto.

 

Busquemos la Verdad, podemos hacer de Chile una nación grande y mucho mejor para nuestros hijos, y eso sí debe ser proclamado. Pero los fundamentos firmes no vienen de ideas políticas, retóricas progresistas, banderas de lucha, luchas de clases, ni anti-patriarcados, ni tampoco de los “tiempos mejores”. Si buscamos a Dios primero, todo lo demás será añadido.

 

 

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