EDUCACION PARA EL PROGRESO

 

 

Para ciertas corrientes de pensamiento, como el materialismo histórico profesado el marxismo, o el darwinismo social propio de la teoría evolucionista, el progreso es una cuestión propia del ser humano y su supuesta tendencia intrínseca a mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, estás ideas de escritorio no resisten análisis con la realidad histórica del amplio abanico de grupos humanos y sus diferentes manifestaciones culturales. Más bien, en muchos casos, tal cual lo señala el relato del Génesis bíblico, el pensamiento de los hombres tiende de continuo al mal; y este mal no es solo un mal moral, sino que también es un mal de injusticias en las relaciones sociales, de estructuras económicas opresivas.

 

El ser humano posee dos habilidades que si bien son parte del progreso, no lo implican en sí mismas. Estas habilidades son la capacidad de creer y la capacidad decidir. Ambas realidades operan de manera simultánea, como dos piernas de un cuerpo que producen ya sea el estancamiento o el movimiento. Pero además de actuar como fuerzas impulsoras, ellas son las responsables de establecer la hoja de ruta de una persona o de toda una comunidad.

 

Lo que creemos (aquello que de hecho tenemos por verdadero y real) y que no solamente pensamos, tiene la realidad en la cual nos situamos y a partir de la cual sentimos, pensamos y decidimos. Los sistemas educacionales son perpetuadores de sistemas de creencias. Ellos existen como el aparato por el cual la estructura de creencias comunitaria se afirma y perpetua.

 

 

El sistema número standard usado en el mundo, conocido como sistema decimal, o de base diez, establece la posibilidad de la existencia de la nada, nos referimos el “cero”; e incluso, en el caso del conjunto de los números enteros, la posibilidad de tener menos que nada, como es el caso de los enteros negativos como “-1, -4 o -6”. Así, es posible dentro del sistema de creencias que occidente ostenta en esta época, no tener nada.

 

Sin embargo, la verdad es que mientras alguien esté vivo, no existe tal cosa como no tener nada. De alguien no tener “nada”, tan solo bastaría que ese alguien desarrollara algún tipo de actividad como ofrecer limpiar patios traseros a cambio de dinero, o cargar las bolsas de quien sale de un supermercado a cambio de dinero, o lavar el automóvil de alguien a un bajo costo, para que, con algo de suerte, obtuviera algo de dinero o comida a cambio por sus labores. Esto es concordante con la estructura de pensamiento expresada en la Biblia, según la cual, la creación fue iniciada por un sujeto, sus ideas y su voluntad.

 

Pero volviendo al punto anterior, estamos sugiriendo que ¿Los números negativos y positivos no existen? ¿Ni tampoco el cero? De hecho existen, pero solo como herramientas para abordar la realidad. Son instrumentos que nos permiten entender lo que nos rodea y trabajar con ello. No obstante, piensa, por ejemplo, en como una cantidad positiva de grados kelvin 267.15, equivale a una cantidad negativa de grados Celsius, -6. Estos números, no así muchas de las relaciones lógicas entre ellos, son convenciones respecto de cantidad, y no realidades.  Ahora piensa, ¿Qué ocurriría si expresáramos la deuda de una cuenta corriente,  $-235.000, no en términos que implicara que el deudor tiene “menos que nada”.

 

Cuando un niño participa del sistema escolar, es sumergido en un sistema de pensamiento que establece y produce un cierto tipo de realidad en su mente, que luego el encarnará en decisiones. A su vez, estas decisiones, serán en gran medida las que determinen la condición de su vida. Pero esto no ocurre solo a un niño, si no que a toda una comunidad.

 

Progresar implica pasar de un estado a otro. Pero el cambio debe suponer que el estado posterior sea mejor que el anterior. Nuevamente, la lectura del estado inicial y el estado final, dependerá del sistema de creencias en el cual se ha sido entrenado. Más importante que el contenido de un currículo educacional, más relevante que “lo que se dice”, es “lo que no se dice”. Por ejemplo, el actual sistema educacional dice que para ser un gran tipo en la vida necesitas ser muy bueno en matemáticas. Pero el actual mejor chef del mundo, de seguro no usa en su trabajo y vida más que las matemáticas aprendidas en los tres primeros años de escolaridad. Las ecuaciones cuadráticas no son las responsables de que haya listas de espera de más de un año para probar uno de sus platillos.

 

 

 

 

El  sistema educacional estándar funciona como un oscuro laberinto lleno de abismos de frustración y callejones sin salida. Caminos que no conducen a ningún lugar más que a pozos de despropósito que se tragan sociedades enteras que logran ver ni caminar la senda de un mejor mañana.

 

Qué tal si planteáramos un sistema educacional que nutriera a las generaciones por venir del amor necesario para desear la mejora constante de la vida en su comunidad, el poder de la fe para ver y creer en aquellas constantes mejoras y los entrenara en un dominio de sí mismos que los facultara para decidir por el amor y avanzar en la fe. Una educación así puede sacar pueblos de la lóbrega tierra de la orfandad para convertir sus comunidades en jardines de sana creatividad y abundante esperanza, y abriendo así las carreteras de un verdadero progreso en justicia y verdad.

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