BULLIYNG, EL REFLEJO DE UNA DEUDA PENDIENTE.

 

 

 

Convivir en comunidad es una de las experiencias más constructivas por las que puede vivir el ser humano. Entender que fuimos creados para necesitar de un “otro”, de alguien distinto a uno mismo, para poder desarrollarnos y sobrevivir en este mundo. La historia nos demuestra como diferentes culturas y sociedades prevalecieron por entender la importancia de la “comunión”, generar estructuras de intercambio, ya sea transando bienes, servicios, conocimiento, etc.  Hoy en día el intercambio de información y de relacionamiento continúa, sólo que le hemos agregado elementos con un mayor grado de tecnología. Hablamos de las redes sociales, asociaciones virtuales, de estructuras que crecen invitándonos a entender que, pese a la modernidad, seguimos siendo personas con la necesidad de “conexión”.

 

Existen conexiones positivas, como las que genera un vínculo familiar (madre e hijo) y también aquellas que necesitamos para nuestro cuidado (médico y paciente) o para abrirnos camino en el desarrollo profesional y laboral (profesor y estudiante, etc.). Pero, así como hemos descrito relaciones que potencian al ser humano, también existen conexiones negativas, aquellas que perjudican el desarrollo del individuo. Las situaciones de maltrato son un mal generalizado en nuestras sociedades. La contienda entre personas es un cáncer que pareciera no detenerse, avanza creciendo como una bola de nieve, maltratos donde prima la humillación, donde unos sientan a otros en la silla de escarnecimiento, la burla y la ofensa aparecen como nuevos códigos de lenguaje humano y el placer por denigrar se desborda. Podríamos continuar enumerando las terribles situaciones que engloban al maltrato, pero hoy queremos invitarte a reflexionar en torno a solo uno, no menor ni menos conocido, pero tan profundo que ha llegado a introducirse al estrato de mayor cuidado de nuestra sociedad: Bullying Escolar.

 

 

Recientemente, una noticia volvió a conmocionar a nuestro país: El suicidio de Katherine Winter, una estudiante de 17 años del colegio Nido de Águilas, quien fuera encontrada sin vida al interior de un baño de la cafetería Starbucks, el pasado mes de mayo. Dentro de las causas que se investigan, que podría haber llevado a la joven a tomar tan grave decisión se encuentra “acoso escolar”, “bullying”.  Una vez más las redes sociales y los principales diarios de la nación se llenaron de noticias, de columnas de opinión, cartas al director y espacios de reflexión en torno a la temática. Y es que no es menor.  Ante este hecho, el gobierno llegó a pronunciarse y en la voz de la ministra  Cecilia Pérez señaló, que este hecho es "un nuevo dolor que Chile lleva en su corazón".

 

Según los datos entregados en el “Primero Reporte sobre Maltrato Escolar En La Sala de Clase”[1], por la Superintendencia de Educación (en base a las denuncias por bullying), reveló que el 35,8% de las denuncias que informan el lugar de estos incidentes ocurrieron en la sala de clases. La cifra es preocupante considerando que este espacio debiera ser de mayor protección para un niño, considerando la presencia de un “adulto responsable”. Sin embargo, vemos que los mecanismos de protección están fallando y se requiere de un cambio trascedente y de una nueva comprensión de “la seguridad” al interior del aula escolar.

 

En relación con los tipos de agresiones ocurridas dentro de la sala de clases, el análisis señala una mayor presencia de los golpes sin uso de objeto adicional al propio cuerpo. La agresividad es una conducta aprendida, de alguna manera los niños han sido expuestos a situaciones de maltrato y violencia, tanto al interior de sus familias o presenciando hechos de este tipo.

El reporte también señala que las denuncias muestran que el segundo ciclo de educación básica (5° a 8°) concentra el 43% de las denuncias por maltratos ocurridos en la sala de clases.  Pero la más alta proporción de este tipo de denuncias ocurren en 3° básico.

 

 

 

 

 

En palabras de Theresa Kilbane, Asesora superior de UNICEF: “Para poner fin a este tipo de violencia debemos mejorar el conocimiento público sobre los efectos dañinos del bullying, y dotar a los maestros, los padres, las madres, los niños y las niñas de las habilidades necesarias para identificar los riesgos y denunciar los incidentes, y ofrecer a las víctimas atención y protección”[2].

Tomándome de las palabras de la Kilbane, es relevante y urgente que se tomen medidas en relación con convivencia escolar, tomándolo como variable determinante en el debate público sobre “Calidad de la Educación”. Educar es más que la transmisión de información, es la experiencia del día a día, los recuerdos, las palabras que construyen o destruyen la identidad de una persona, de un grupo, de una sociedad.

 

Por tanto, vemos aquí un espacio de gran necesidad y donde más que nunca es urgente la presencia de la iglesia, de hijos de Dios con ideas y propuestas de solución concretas para ir en ayuda de tantos niños y familias que necesitan orientación, apoyo y herramientas para resolución de conflictos.

 

Es posible convocar a hijos de Dios con inspiración en áreas de desarrollo emocional, trabajo social y educación para formar equipos de trabajo que levanten soluciones y las presenten a escuelas, organismos públicos, etc. Las vías de acción pueden ser muchas, esta es sólo una de ellas. Pero una cosa es certera:  no podemos dejar que la cultura de la muerte, del escapismo suicida, tome dominio de los niños y jóvenes de esta generación. Tomemos las llaves que Dios nos ha entregado y quebremos esos ciclos de destrucción con autoridad y real amor, ayudando a proteger y a desarrollar la identidad de las generaciones.

 

 

[1] Disponible en: https://www.supereduc.cl/wp-content/uploads/2018/04/2018-PRIMER-REPORTE-SOBRE-MALTRATO-ESCOLAR-EN-LA-SALA-DE-CLASES.pdf

[1] Disponible en: http://unicef.cl/web/dos-tercios-de-los-jovenes-de-mas-de-18-paises-dicen-haber-sido-victimas-de-bullying/

 

 

 

 

 

 

 

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