La Valentía de ir más Allá.

 

 

Entender el mundo que nos rodea es vital desde la primera infancia. Nuestro entorno, nuestras relaciones e interacciones nos permiten empaparnos de lo que está alrededor. Sin embargo, vemos que nos rodea la supervivencia y el temor. A penas tenemos uso de razón y memoria consciente, entendemos que cada quien verá por lo suyo, y defenderá su territorio, influencia, imagen, posición, su dinero o idea.

Se hace cada día más raro o difícil ver a una persona generosa, o que decide perder protagonismo para que otros se muestren. Nos enseñaron de pequeños la competencia, a ser y brillar más que otros, nos enseñaron que valemos por lo que tenemos o lo que sabemos, y no por lo que somos.

 

Prevalecer es una lucha desde que el homicidio comenzó en la tierra, cada quién busca subyugar a alguien más, imponerse, mandar, tener la razón, fama, influencia, poder, moral, más que otros. En el fondo aterrados de que alguien más ocupe su lugar. Es muy común que busquemos controlar, manipular, engañar, con tal de conseguir el objetivo que proviene de la maldad que está en el corazón y prevalecer sobre los demás. De esto se trata aquello a lo que llamamos Mundo (cosmovisión).

 

Sin embargo, en estos años, he conocido algo totalmente revolucionario, que pocos realmente conocen, y que generalmente tergiversan. No tiene que ver con el egoísmo que ha edificado las ciudades, ni con la sangre derramada que ha fundado los imperios y Naciones (particularmente las independizadas). Hace más de nueve años empecé un camino en el que poco a poco el polvo ha caído. Dejar cosas atrás duele, pero libera. Comencé a cambiar el egoísmo por el dar, y poco a poco por el darme por otros. He cambiado el juzgar y criticar por la paciencia. Ante tan sublime experiencia he cambiado el rencor por el perdón, porque también fui perdonado. He cambiado mis exigencias y expectativas de otros por el creer que Dios hace su obra y en su tiempo darán frutos. Poco a poco he ido cambiando el orgullo por la humildad. Cada día más aprendo a negarme a mi mismo, para que otros se levanten. En fin, esto ha demorado años y continuará.

 

Aprendí que existe un camino mucho más alto, que está muy lejos del prevalecer, en el que te despojas hasta que no queda nada de ti. Frente a un amor tan grande ¿Qué más puedo hacer? Cuando recibes amor sin merecerlo, la única respuesta posible es amar, la única medida posible es el amor. Pero el amor en esencia es dar, despojarse, morir para que otro viva, el amor es sufrido, soporta, perdona, es incondicional. Inevitablemente invadirá “nuestro territorio”, nos destinará a dejar lo conocido, para entrar en la dimensión insondable que nos lleva al corazón mismo de Dios. Su amor es tan grande, que sobrepasa todo entendimiento. Sólo conociendo a Dios, puedo realmente aprender lo que es amar.

 

¿Puedes perdonar la traición? ¿Puedes soportar el agravio? ¿Puedes bendecir al que te maldice? Es una medida muy alta para los seres humanos, pero para la cual fuimos diseñados. Esto es lo que cambia al mundo, este es el corazón de Dios. Este es el amor invadiendo la provincia de Talagante, la cual nunca más será igual. SEA LA LUZ.

 

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