No Aferrarnos a Nada... Para volver a Amar.

 

Desde que nacemos, nuestro primer instinto es, con nuestras manos pequeñas, apretar fuertemente el dedo de la mamá o el papá, buscar desesperadamente el calor de la mamá. En nuestra primera infancia, buscamos la natural protección de nuestros padres y familiares cercanos. A lo largo de nuestra vida, vamos reemplazando esa natural protección que nos cobijó, por patrones de conducta, vicios o adicciones, o imágenes que proyectamos para no sentirnos vulnerables.

 

Si llegamos a entender que, por ejemplo, el fumar un cigarrillo, reemplaza al chupete o al biberón, y que cualquier adicción, llámese alcoholismo, drogadicción o pornografía, no hace más que calmar momentáneamente el dolor de una herida del pasado, de un vacío o carencia interior, evadir al entorno inmediato, y en una forma de auto castigarse y castigar a otros, causar mucho más dolor.

 

Por experiencia propia, puedo decir, que todo esto proviene del miedo. Nacemos en un sistema en el que todo el mundo piensa desde el miedo, se alimenta por miedo, se viste por miedo, consume por miedo, trabaja por miedo, acepta y soporta por miedo. Entender que el consumismo, no es más que cubrir la desnudez interna. El excesivo trabajo no es más que el querer ser “alguien” definido por lo que hace y por su “capacidad”, y junto a ello, la ansiedad y la lucha contra el tiempo. El orgullo no es más que cubrir las debilidades bajo la alfombra, y querer “tener un nombre”. El dinero no es más que un papel con un valor asignado por una sociedad, pero a través del cual buscamos obtener “estatus” o una posición social, y ser reconocidos por nuestros pares.

 

Todos estos accesorios culturales, que nos ponemos encima, no vienen más que del miedo, el temor que nos esclaviza, desde esa lucha contra el tiempo que nos envejece, desde ese temor a morir, ese temor a ser desnudados, ese temor a “no ser alguien”. Esa esclavitud que atesoramos, a la que nos aferramos, porque nos da una aparente seguridad. Todas estas cosas, no son más que un montón de estupideces que nos impiden amar. No podemos si quiera interesarnos por un momento por la necesidad de otro, si seguimos pensando en protegernos a nosotros mismos. No me imagino como puede haber Amor en un matrimonio que se casa con separación de bienes, que se termina divorciando en medio de litigios por dinero, bienes raíces, y peleando a los hijos como si fueran trofeos de guerra. No me imagino el Amor de unos hijos, que una vez que fallece el padre o la madre, terminan peleando la posesión efectiva de la casa o los bienes entre sí.

 

El Amor no tiene absolutamente nada que ver con aferrarse a algo, el Amor no tiene que ver absolutamente nada con auto protegerse, ni con el temor. El Amor no humilla a otro, sino que se deja humillar. El Amor no retiene para si mismo, sino que se da todo el tiempo. El Amor no busca controlar, no manipula, no somete, sino que respeta los espacios, sabe esperar, tiene paciencia. El Amor no señala con el dedo esperando que el otro cambie, sino que busca cambiar primero (el o ella), para que el Amor desde si mismo(a), lo transforme todo alrededor. El Amor en sí mismo es revolucionario, mucho más que cualquier idea, ideología o pensamiento, sea político o filosófico. El Amor tiene el poder de transformar las sociedades, muy lejos de las utopías. El Amor va mucho más allá del sentimiento romántico o filantrópico. El Amor tiene el poder de transformar, porque no teme, no teme a la muerte, porque el Amor ya la venció.

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