La agotadora Lucha contra el Tiempo

 

 

En estos últimos años, he podido ser tratado y transformado en mi interior. Han sido algunos largos procesos, otros más breves, pero todos han llevado a sacar aquello que sobra, aquello que es accesorio, innecesario o definitivamente irrelevante. También he sido despojado de muchas ideas, visiones o percepciones incorrectas. Progresivamente y gracias a Dios, puedo decir que mi entender, mi forma de ver y de pensar, son cada vez más lúcidas.

 

Lo cual no quiere decir que lo haya alcanzado todo, sería soberbio de mi parte aseverarlo, lo que, si puedo decir, es que no por mi causa, he podido crecer mucho, también negándome a mi mismo, muriendo a muchas cosas, humillando mi corazón, guardando silencio, reconociendo lo equivocado que estuve, disponiéndome a cambiar y a ser transformado, aunque eso duela, y mucho.

 

Uno de los puntos fuertes, de este último tiempo, debo reconocer que es mi debilidad, es algo que, en la actualidad, nos atañe a todos, todos tenemos esta misma lucha, pues vivimos en este siglo, híper conectados, en la era de la información, de lo digital, de lo inmediato e instantáneo. Seguro nuestros padres o abuelos no vivieron nunca tan rápido como nosotros. Estoy hablando de la agotadora lucha contra el tiempo.

 

Todo nuestro entorno y toda nuestra cultura parecieran llevarnos a la misma lucha, donde quisiéramos tener 25, 27, o 30 horas al día, sin embargo, en momentos de “lucidez”, surge la pregunta… ¿Realmente tiene sentido hacer lo que hago, con tal premura? Tal como en un vehículo que va por carretera a unos 120 kilómetros por hora, al mirar a los lados, perdemos los detalles del entorno, pues lo único que importa es llegar en ese momento al destino. ¿No nos sucederá lo mismo en nuestra vida? Podemos estar desperdiciando momentos preciosos con nuestra familia, nuestros hijos, esposos o esposas. Podemos estar desperdiciando nuestros mejores años, corriendo como roedores en la rueda que se mueve, pero no lleva a ninguna parte.

 

Muchas de las cosas por las que corremos, son cosas cotidianas, de rutina diaria, como asear el hogar, o trabajar. Terminamos enfermando nuestro cuerpo, dañando nuestra salud innecesariamente, debido a un apuro sin sentido. Muchas de estas cosas, nadie nos las exige, son auto exigidas, ya sea por crianza, aprendizaje, o simple manía. ¿Dejaremos de hacer estas cosas?, no es a lo que me refiero, si a darle a cada cosa su tiempo, pero sin enfermarnos ni cargarnos. Perdemos lo valioso de la vida por vivir muy rápido, corremos sin entender porque corremos, muchas veces sin saber a donde vamos o a donde queremos llegar.

 

Estoy en estos medios de comunicación hace 4 años, incluyendo este periódico, y creyendo por la transformación de esta provincia, en parte gracias a el mensaje que entregan estos medios. En este último tiempo, lo más fuerte que me toca aceptar, es que por mucho que corra, así sea por años y años, muchas de las cosas que he visto que serán estos medios de comunicación, nunca las veré hechas, pero tengo la certeza que, si las verán mis hijos, o tal vez mis nietos y la generación que esté con ellos. Me toca entender entonces, que nada de esto depende de mi o mis compañeros de milicia, sino de Dios quién comisionó estos medios.

 

Entendí que ¡basta de correr!, si estás cansado o cargado, en Cristo puedes descansar, Él todo lo hizo hermoso en su tiempo, todo tiene su hora, si tienes la certeza de que Él va delante de ti en todo lo que emprendas, en todo lo que hagas.

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