El día que nunca vamos a olvidar.

 

 

Daniela Olivares Rojas hoy tiene 14 años. Ella aceptó contar su testimonio porque cuando tenía apenas 5 a 6 años, experimentó un milagro de sanidad en su corta vida.

 

Daniela nació con problemas a la curvatura de sus pies, es decir con pie plano. Este problema le generaba intensos dolores a sus pies, a sus piernas. Muchas veces tuvo que suspender sus juegos con sus amiguitas, porque los dolores eran insoportables. Además no podía usar cualquier zapato, menos usar alguna sandalia plana. Su familia recurrió a un especialista quien entregó el diagnóstico y recomendó el uso de plantillas ortopédicas.

 

Su familia, compuesta por sus padres y sus dos hermanos mayores, siempre están atentos y preocupados de la pequeña. Es entonces que deciden tomar el camino de la fe cristiana y encuentran una iglesia cerca de su domicilio y comienzan a congregarse con frecuencia. Es ahí donde quien les escribe los conoce y comienza a formar lazos de amistad y hermandad que perduran hasta el día de hoy.

 

En una de las reuniones del día domingo, Dios había planeado hacer un milagro de sanidad sobre Daniela. Fue una reunión maravillosa, donde el Señor usó a un hombre lleno del Espíritu Santo, para hacer milagros y sanidades en muchos de los presentes. Como ella todavía era pequeña, no entendía lo que estaba ocurriendo en la congregación y se puso a llorar.  Por lo tanto, no se pudo ver en ese momento lo que Dios estaba haciendo sobre sus pies. La fe de sus padres había tocado el corazón de Dios y activado el milagro.

 

Después de la reunión, camino a casa con mis hijos, decidimos pasar a la casa de ellos para compartir un momento, y reconociendo que estábamos expectantes de lo que había sucedido con Daniela. Llegamos y la pequeña estaba mirando televisión sentada en un sillón. Sus padres estaban preparando algo para comer. Entonces le pedí a Daniela sacar sus zapatitos. Y es ahí donde sucedió algo que jamás había visto y jamás olvidaré.

 

Ante mi asombro, algo sobrenatural e invisible, succionó la planta del pie, cerca del talón y se formó ante la mirada atónita, el arco perfecto en el pie de la niña. Comencé a gritar de alegría y toda la familia se reunió en torno a ella. Todos fuimos testigos de cómo el poder del Espíritu Santo hizo un milagro de sanidad instantáneo. Estábamos todos asombrados, impactados, llorando de gratitud y felicidad.

 

 

Ya han pasado más de 8 años desde esta experiencia. Hace unas semanas estuvimos en su casa y junto a su familia recordamos lo que vivimos aquel inolvidable día. Daniela me comentaba lo que significó para ella este milagro:

 

“Es algo que me marcó mucho porque pude ver el poder de Dios, me enseñó a creer. Pude ver que si existe, que es real y verdadero. Afirmó mi fe. Estoy muy agradecida por lo que hizo por mí, cambió mi calidad de vida. Y es algo que quiero compartir con mucha gente, para demostrarles que para Dios no hay nada imposible. Ahora decir también que, si no me hubiera sanado, seguiría igualmente creyendo en EL, porque mi fe no depende de los milagros que haga por mí, sino que mi fe esta puesta en quién es El”.

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