Derribando mi Falsa Imagen.

 

Miré y vi una imagen, era la silueta de una persona, estaba sobre un pedestal del mismo material que el resto de la imagen, era de color plomo, parecía ser concreto, estaba muy bien tallado, pensé ¡Es todo un artista aquel que la hizo! Sus formas, sus pliegues, el rostro de esa imagen era el de una mujer que miraba hacia adelante, segura, desafiante, sin temor a nada. No entendía porque estaba mirando eso, trataba de entender, pero no podía, de repente empecé a acercarme a esa imagen que estaba sobre el pedestal, y pude ver que había una inscripción en ese pedestal o soporte que la contenía y este decía: Esta eres tú, esta es tu imagen.

 

Estaba impactada, pude entender que aquello que estaba mirando era yo misma, yo estaba sobre ese pedestal, comencé a entender que la idolatría no sólo es adorar imágenes en una iglesia, sino que somos idólatras porque levantamos imágenes de nosotros mismos para adorar, nos adoramos a nosotros mismos. Todo gira en torno a nosotros, a satisfacer nuestro ego, nuestros deseos, necesitamos hacernos un nombre, tener fama, éxito, ser reconocidos por los demás, cubrir el vacío y la desnudez que provoca la falta de identidad y propósito para que nadie la vea, levantamos una imagen falsa, que miente, y que cada vez más busca alzarse sobre las otras para demostrar algo. Sin darnos cuenta nos hemos vuelto idólatras de nuestras propias imágenes, nos desviamos de la verdad pensando que esto era lo correcto.

 

Mientras continuaba mirando esa imagen con espanto, dentro de mí se levantó un grito un gemir desesperado: ¡Derribenla!

Y una voz potente grito: Es tu tarea derribarla.

 

Comencé a pedir perdón a Dios por ser una idólatra, por adorar mi propia imagen, por vivir confiando en mi propia manera de pensar y lo peor es que creemos que esa es la verdad y que tenemos la razón, somos idólatras cuando por nuestra manera de ser y hablar nos sentimos dioses, que saben lo que hacen y a donde van. Nos adoramos tanto que pensamos que los caminos que tomamos son los mejores y que nuestra mejor aliada es la independencia. Es ahí en donde nos vestimos de orgullo y nos guiamos a nosotros mismos, nos creemos mejores que el resto, no permitimos que nos aconsejen ni nos digan nada.

 

Lloré tanto en aquel día porque la idolatría me había cegado los ojos y el corazón, lloré pensando en los errores cometidos y sus consecuencias y todo por haberme guiado por mí misma. El orgullo en el ser humano es lo que produce que camine ciego y sin entendimiento. Pues cuando me humillé, empecé realmente a entender y reconocer quien es Dios y quien soy yo.

 

 

 

El arrepentimiento y la humillación fueron como aquel martillo que rompió esa imagen, y en cada golpe comencé a recibir libertad, paz y gozo. Mi corazón se llenó de reverencia a Dios y mis palabras hace el fueron: “No quiero volver a subirme a ese pedestal, solo Tú estás por sobre todo, no quiero ser guiada por mí misma, sino solo por Ti.

Creo que grandes problemas se acabarían en nuestras familias, ciudades y naciones si cada uno se bajará de su propio pedestal. Si aquello que te sustenta es tu propia ideología, tu religión, tu partido político, tu ego, tu rechazo o amor al dinero, es hora de reflexionar, pues hay un nuevo tiempo que está viniendo sobre la tierra, un nuevo amanecer que con su luz quebrará las imágenes y las hará pedazos.

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