UNA FE PERSISTENTE, UNA FAMILIA TRANSFORMADA.

 

 

Siempre llegaba agotada, cansada del largo viaje en su bicicleta, pero ahí estaba fielmente a la hora, deseosa de aprender y conocer mas a Dios. No le importaba la distancia que había entre su casa y la mía, lo importante era venir a estudiar, aprender acerca de Dios, ni tampoco le importaba tener que devolverse tarde con frío o aún con lluvia, igual llegaba, pues no había otra forma de que viniese, donde Julia vivía era tan alejado que no había locomoción para venir, pero de todas formas eso no era impedimento para que ella se congregara.

 

Un día terminamos la enseñanza y todos comenzaron a irse, menos Julia.  Mientras los demás se despedían me llamaba la atención que Julia estuviese tan nerviosa y no tuviese apuro por despedirse para emprender el viaje a su casa, se quedó hasta que todos se fueron, ciertamente ella necesitaba conversar conmigo y justo cuando me acercaba a ella llega su esposo con sus dos hijos a buscarla. Sus hijos de 16 y 18 años estaban felices de que su mamá aprendiera más, a su esposo le complicaba que ella anduviese mucho en bicicleta, no por miedo a algún accidente sino por la enfermedad que ella padecía.

 

Yo no tenía idea que Julia estaba enferma, le pedí que me contara que pasaba, y ella me contó que sufría de fuertes dolores en la columna, tenía escoliosis y además por su trabajo en el campo, por trabajos pesados, le había salido una hernia en la columna. Ella estaba tan nerviosa, porque justo ese día quería contarme que se sentía muy mal y que necesitaba que orásemos por ella, y esperó hasta el final porque le daba vergüenza.

 

Yo le conté a Julia y a su familia que yo también a la edad de 14 años fui diagnosticada con Escoliosis severa grave por los médicos, mi caso era el más grave en Chile, y le dije: “Yo se que Dios puede sanar tu columna, yo lo viví y se que es poderoso para hacerlo, como lo hizo conmigo lo hará contigo”.

Oramos por ella, declaramos que los discos de su columna se alineaban, y que la Hernia era retirada.  Fue tan impresionante porque en el instante mismo que lo declaramos pudimos ver como ella se enderezó, fue impresionante porque parecía como que había crecido, y ella nos decía: “Yo pude sentir como los huesos de mi columna se movieron, yo pude sentir el poder de Dios recorriendo mi espalda, se que estoy sana, ya no tengo ese dolor que no me dejaba ni dormir, ahora podré seguir andando en bicicleta para buscar a Dios, ahora con mayor razón”.

 

El poder de Dios estaba ahí, se sentía como si un fuego nos rodeara, y a la vez nos llenaba, el gozo nos inundó, y toda la familia de Julia pudo ver que Dios si existe, y esta en todo lugar donde se invoque su nombre, no es religión, es un Dios verdadero, que vive, que habita con aquellos que abren su corazón para conocerle.

 

¡Creo que Julia fue en ese entonces como la mujer viuda, insistente, muy insistente en su búsqueda, ni el dolor en su columna ni lo alejado que vivía fue impedimento para buscar de Dios, y creo que ese fue el gatillante para su milagro, la Fe que había en ella ciertamente la había salvado!!!

 

Testimonio Real ocurrido en la Comuna de El Monte en el año 2006.

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