CARTA DE AJUSTE

 

 

Como seres humanos, es inevitable e intrínseca la interacción entre nosotros, con nuestra familia, nuestra comunidad, con nuestro entorno, medio ambiente, con lo que acontece alrededor. La interacción es la dinámica que mueve al mundo, tal como la confluencia de los engranajes, o un conjunto de partes y piezas, mueven una máquina, un motor, un reloj suizo, etc. La interacción permite que un sistema funcione. Por consiguiente, si Dios mismo dijo que no es bueno que estuviéramos solos, es porque junto al universo entero, fuimos diseñados para interactuar.

 

La pregunta inevitable que surge es ¿Desde dónde interactuamos? Cada ser humano por diseño desarrolla desde antes de nacer una interacción con su entorno, la cual va construyendo dentro de si, la forma en la cual verá la vida y también a su mismo entorno, y cuál será su respuesta frente a esto. Más allá de la predisposición genética, el ser humano desarrolla su propio punto de vista, decidiendo así su destino. Contrario a lo que se piensa, Dios no controla marionetas, te abre un camino por el cual tú puedes ir, es un destino maravilloso, pero también un camino que de seguro demandará obediencia, humildad, fe, perseverancia, paciencia, pero Dios nunca te obligará a seguir ese camino, pues es tu decisión.

 

Es imposible que tu propia forma de ver y de pensar NO afecte la interacción con Dios, con las personas, y aún con nuestro entorno. Es con el lente que miras el mundo y más allá, la forma en que responderás a ellos. Por ejemplo, ¿Cómo nos relacionamos los seres humanos?, nuestra cultura y cosmovisión, junto a nuestras percepciones lo definirán. Como chilenos, tenemos la mala costumbre de mirarnos negativamente, destacamos los defectos, las imperfecciones y errores de las personas, antes de sus virtudes, sus logros, y capacidades. Tendemos a “juzgar el libro por la portada”, lo entiendo en el contexto de una sociedad hiper conectada por las redes y medios de comunicación, pero no lo entiendo desde la interacción personal y directa, pues debiéramos darnos el tiempo de conocernos tal cual somos.

 

Esta mala percepción, este lente aberrado, distorsiona nuestra interacción. La verdad, ni si quiera nos conocemos a nosotros mismos, aún nos auto juzgamos, menospreciando el maravilloso y potente diseño que Dios ha puesto en nosotros, estamos llenos de tesoros escondidos, esperando salir a relucir, pero esto, poco lo llegamos a conocer. Primero antes de interactuar con otros, debemos hacer el ejercicio de pararnos frente a un espejo y preguntarnos ¿a quién realmente vemos? ¿Que pasaría si actuamos y pensamos desde la confianza, desde la misericordia, desde el aprendizaje mutuo, nos pusiéramos en los zapatos del otro, y desde ahí, potenciarnos recíprocamente? Solo desde ahí vendrá una buena interacción con los demás.

 

En el campo de la técnica audiovisual, existe un mecanismo, creado para calibrar los equipos y cámaras que componen la producción de video o televisión, se llama “Carta de Ajuste”. Se ajustan los parámetros, para que la emisión, reproducción, y captación de la imagen por parte de las cámaras, sea lo más real o parecida a la del ojo humano, de acuerdo a la iluminación o características del entorno donde se registran. Para decirlo sencillo, si en la realización de un programa de TV, que se registra a 5 o 6 cámaras, estas no se ajustan en sus parámetros, no se llevarán la una con la otra, una cámara se verá de un color, otra de otro, y el telespectador verá un programa técnicamente de mala calidad. Si se ajustan las cámaras, usted casi no notará el cambio de una a la otra, pues, aunque todas ven desde distintas posiciones, todas trabajan juntas.

 

De igual manera sucede, si no ajustamos nuestros parámetros de interacción entre seres humanos, pues todos miramos diferente, pero si miramos al Blanco Perfecto, aún en esas diferencias sabremos amarnos, ser pacientes, soportarnos, ayudarnos, animarnos, y buscar los mejores acuerdos. Porque ya no miraremos desde nuestros temores, prejuicios y aprensiones, ya no buscaremos más tener la razón, ni competir con el otro. Sino que, en la complementariedad de las diferentes visiones, como en la articulación de los engranajes, todos veremos desde la luz de Cristo, para ser a su vez alumbrados mutuamente, generando un movimiento continuo de luz hacia adelante y poder así construir una sociedad mejor.

 

 

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