REFLEXION: LA EXPERIENCIA DE SER MAMA....

 

 

 

Estamos viviendo sin duda tiempos violentos, y con violento no me refiero al sentido delictual de la palabra, sino más bien a esa violencia en la que miles de personas se han sumergido para bruscamente manifestar lo que está en sus corazones sin importar que afecte al prójimo o a sus descendientes.

Es en este mismo tiempo en el que la Iglesia de Cristo se está manifestando como nunca antes, viviendo no solo de avivamientos a través de predicas domingueras, sino que entendiendo y viviendo el Reino en la amplitud de lo que somos y hacemos. Aquí la familia está jugando un rol supremamente importante como motor de culturas que quieren manifestarse y al fin como Cuerpo estamos tomando esta verdad y cambiando la realidad desde sus fundamentos.

La generación que está viviendo hoy sobre la tierra es una generación sin un modelo anterior a seguir, ser madre hoy, por ejemplo, no tiene nada que ver con la maternidad que nuestras madres tuvieron que vivir, partiendo por el hecho de que ellas como esposas tampoco vivían lo que nosotras como esposa vivimos hoy. Así nuestras madres con una identidad de esposas trastocadas, con heridas, apocadas y sin una identidad sana ni clara, cumplieron su rol de madres de la mejor manera que pudieron, pero dejaron en nosotros vacíos y formas que en su mayoría no son las que el Cielo quiere que operemos hoy en nosotras como mamas.

Entonces cuando hablamos hoy de la experiencia de ser madres, hablamos de una forma totalmente nueva, sin modelos humanos a seguir y con muchas aristas que pulir de rudimentos que no sirven para manifestar el modelo de familia por el cual la tierra está gimiendo.

Así que cuando me pidieron escribir sobre mi experiencia como madre, tuve claro de inmediato que no solo contaría lo muy maravilloso que ha sido, sino también lo que como nueva generación de madres me ha costado vencer.

 

Ser padres es uno de los diseños más maravillosos que Dios pudo pensar para nosotros, decir que el creador de todo lo que existe es Padre por excelencia nos da un atisbo de lo glorioso de este diseño. Los hijos son sin duda alguna fruto del Amor.

Les cuento, mi hermoso y muy amado hijo se llama Jeremías, cumplirá 1 año en el día de la Reforma (31 de octubre) y siendo realmente sincera es un niño totalmente celestial, como estoy segura son cada uno de los bebes que están naciendo en esta nueva generación. Con mi amado esposo nos admiramos de su carácter, de su alegría y de su forma de vivir el día a día ajetreado que usualmente tiene como nuestro hijo. Y sumado a eso, más liviano aún se ha hecho entendiendo que el Padre y la Madre de él es Dios, por lo tanto Él nos enseña, nos ayuda, nos pule y nos sostiene. Lo que yo (a diferencia del Chapulín) ´no sospeche desde un principio´ fue toda la luz que como foco teledirigido vino a alumbrar en mí.

No me mal interprete, pero creo que es necesario exponer aquellas cosas de las que las madres no hablan por temor a ser reprochadas en su rol de mamá o por las falsas imágenes que la sociedad nos ha venido enseñando a proyectar en nuestras experiencias de vida.

Así que a modo de romper con la falsa imagen les contaré que como lado B de esta maravillosa experiencia maternal, lo primero que fue expuesto en mi primer periodo como mamá fue dejar de controlar ‘mis tiempos’.

Según yo, mis tiempos le pertenecían por completo al Señor, porque ‘según yo’ estar dedicada 100% al ministerio e ir y hacer lo que Dios dijera era sinónimo de rendición total, pero no. Me di cuenta que la realidad de las cosas era que yo acomodaba muchísimas veces los tiempos de Dios a mi capricho. Entonces como en un espejo a cara descubierta comencé a ver una ‘yo’ que no conocía.

Jeremías se despertaba fuera de ‘su horario’ o me costaba más de la cuenta que se durmiese justo ese día que ‘la pastora Denisse tenía que hacer cosas para la congregación’ (por dar un  ‘santo’ ejemplo), y dentro de mi comenzaba a aflorar un malestar; un enojo que no tenía nada que ver con mi bebé, porque en contra de él no era en absoluto, era en contra de la situación, de no tener el tiempo que yo destinaba para realizar ciertas cosas, me molestaba que me cambiaran la agenda sin preguntar, como si mi pequeño supiera cuando estoy más atareada para justo ahí necesitar más de mí. Pero Dios si lo sabía, y Él estaba queriendo confrontarme con eso y yo en mi mal intento de  ‘santidad’ (entre comillas porque mi actitud de santa no tenía nada) me contenía, porque mentiras del diablo tenían que ser.

Cuando empecé a entender lo que estaba pasando entre la Luz y yo, se me ocurrían cosas tan ´celestiales´ como enojarme profundamente conmigo o contar hasta 10, pero obviamente este método humanísimo no me sirvió nada, y por fin me decidí a reconocer que sola no iba a poder. Aquí recuerdo una de las tantas veces que paseando a mi bebe en silencio pensaba por dentro “es la vez número 10 que se despierta en lo que lleva de noche…noo...ayudaaa” y mi esposo Leo me decía “algo te estará queriendo enseñar Dios…”, verdad que honestamente no me gustaba oír.

Hoy decidí soltar el control, decidí no desesperarme si duermo poco porque ya podré dormir más, no importa si no hago algo que quería porque sin duda más que ese algo quiero estar con mi Jeremías, decidí no planear humanamente porque lo más probable es que no pueda cumplir, y decidí entender que como mamá puedo equivocarme pero que mi modelo perfecto es Dios así que entre más pronto reconozca delante de Él que no puedo; que no lo estoy haciendo bien, más pronto viene Él y me saca de allí donde estoy, me sacude y me enseña a caminar por donde debo caminar.

Nadie dijo que luchar por una generación sin límites, sin temores, sin traumas, sin ataduras, sin estructuras, sin egoísmo y sin control, no tendría un precio, pero delante de Dios confieso que este precio que ´estoy pagando´ de doloroso no tiene nada, todo lo contrario, ser mamá me ha llenado de un gozo que jamás había sentido, llena mis días de felicidad, de nuevas expectativas y de esperanza, una esperanza que me hace ver en cada risa, en cada ternura y en cada mirada de mi muy amado Jeremías que se está levantando una generación en pureza, inocencia, santidad y fuego, como no la hubo antes.

Así que no me queda más que impartirles a aquellas mamas que quizás se sientan un poco agotadas, que piensen que no son capaces o que muchas veces tienen pensamientos apartados del Amor, ¡fuerzas nuevas en el Padre por excelencia!, y recordarles que si Dios confió en ustedes para entregarles un tesoro tan grande como lo es una vida, es porque sabe que ustedes pueden hacerlo bien, que no hay mejor madre que tú para el/la pequeño/a que tienes en tus brazos o en tu vientre.

También anhelo que en todo el que está leyendo sea despertada una pasión por las generaciones, que los lleve a ansiar morir una y otra vez a sus propios planes y formas, para dejar a las futuras generaciones la plataforma que ellos necesitan para cumplir su tarea en la tierra.

¡Se están dando golpes que despiertan las conciencias muertas, golpes que nos hace anhelar vencer para entregar llenos de gozo la estafeta a quienes seguirán tomando el testimonio!.

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