ACTUALIDAD: CUANDO EN CHILE LA JUSTICIA NO ES JUSTA..

 

 

En Chile, exactamente a 10 años de la Implementación de la Reforma Procesal Penal, podemos ver un tremendo avance y modernización del sistema judicial chileno. Podemos ver grandes avances en infraestructura, especialización y profesionalización de sus actores principales, y esto reflejado en instituciones que facilitan la tarea judicial, en tanto todas sus instituciones se ven actuando de manera conjunta, con el fin de resolver de la mejor manera cada caso.

 

Es cierto que hoy, vemos juicios orales, y públicos, resoluciones que superan con creces en celeridad, al antiguo sistema judicial. Y que en su capacidad, puede ciertamente, resolver un mayor número de casos.

 

Sin embargo, en el Chile de hoy, crece cada vez más la victimización, la delincuencia ha traspasado límites, hoy mucho más atrevidos que antes en su actuar, con la certeza, de que pasar por un tribunal, no le causará daño. En mis labores como camarógrafo de prensa, pude ver a delincuentes reincidentes salir libremente de las audiencias, amenazando a la prensa y a sus víctimas.

                                                                                          

Movimientos ciudadanos han expresado su malestar, y es que la llamada “puerta giratoria” no ha terminado aún, este apelativo se oye en los medios hace más de 15 años. Hemos visto la inversión en todo Chile, de grandes y modernos edificios para Centros de Justicia, Juzgados, Fiscalías, Defensorías, Cárceles concesionadas de gran nivel, y Centros de protección a Víctimas y Testigos.  Esta inversión es innegablemente necesaria si se trata de avances.

Contamos con Policías de excelencia, que como pocos países en el mundo pueden decir, hacen muy bien su trabajo, y es muy difícil hasta ahora ver corrompidas  a estas instituciones.

 

Sin embargo vemos que la delincuencia, y su reincidencia, aparentemente no tienen castigo, vemos que jueces “interpretan” la ley, y aplican sanciones que para quienes cometen delitos, no representan temor alguno, por tanto “sale más barato reincidir”. Tampoco el sistema ha resuelto la rehabilitación de un reincidente, no olvidemos que son personas, con familias, que a pesar de sus delitos, pueden volver a ser útiles al desarrollo de la sociedad, pero ¿Quién los rehabilita? Pocas instituciones pueden responder ante esto, como la Iglesia Evangélica, quien ha sido reconocida por el propio gobierno. Si es así, NECESITAMOS A LA IGLESIA MÁS PRESENTE EN CÁRCELES Y POBLACIONES.

 

La pregunta obvia que surge, es, si con tanta infraestructura, no  se ha logrado cerrar la “puerta giratoria”, ¿No será que las leyes son demasiado permisivas para los delincuentes y muy injustas para sus víctimas? La otra pregunta que surge, es ¿Qué si en vez de legislar en pro de ideologías minoritarias, que promueven la inmoralidad, nuestros Diputados y Senadores, no debieran estar “ordenando la casa” en materia de Justicia y traer orden a la sociedad? ¿Dónde está el real interés del Gobierno y nuestro Parlamento?   

 

Sin embargo, debemos preguntarnos como nación, más allá de que el delito exista desde que Adán transgredió el mandamiento, si nuestra sociedad permite demasiadas injusticias en lo económico, social, político y académico, lo cual pueda estar facilitando el delito, en forma de rebeldía, a causa de “falta de oportunidades”.

 

Si el delito ha crecido en cantidad, forma y audacia, y hoy parece a nadie importarle, como Nación debemos preguntarnos, si realmente nuestras prioridades están donde realmente deben estar, si vamos a seguir pensando como individuos, o si vamos a decidir realmente a cambiar, para re-pensar el bien común, el bienestar de la sociedad en su conjunto.  

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