TESTIMONIO: SI TENIA UN PADRE Y NO LO SABIA

18/12/2014

 

 

Por Josefina Almirante

 

 

Hola mi nombre es Josefina Almirante, soy de la ciudad de Salamanca, casada con 3 hijos y con 45 años de vida.

Quisiera contarles tantas cosas que en mi vida han sucedido, obviamente buenas y malas experiencias que ya pasaron y no lo digo porque hayan pasado los años sino porque ya fueron sanadas y  no vivo en función de lo que sucedió sino lo que viene para mi vida, lo que Dios tiene preparado hoy para mí.

Pero quisiera contarles un resumen de mi vida para que juntos demos gracias cada día de nuestras vidas por las cosas grandes que Dios hace a favor de aquellos que creen en El.

 

Desde niña más o menos desde la edad de 4 años recuerdo haber estado en muchas casas, lugares donde los adultos que allí vivían yo los llamaba tíos, primos o amigos.  Fueron pocas las veces en mi niñez que vi a mi mamá y la veía pasar por fuera de una casa donde me cuidaban, la veía solo cuando iba a dejar dinero para mi cuidado, pero de mi papá nunca supe nada, nadie me decía nada. Sufrí mucho el estar en distintos “hogares” donde me maltrataban, muchas veces quise morir por la forma en cómo se dirigían a mí, sufrí mucho…cada vez que veía a mi mamá yo lloraba pidiéndole por favor que me llevara con ella, que me sacara de donde yo estaba, pero ella siempre me decía “algún día te vendré a buscar, tengo que trabajar”…..estuve en lugares donde pasé hambre, donde intentaron abusar sexualmente de mi, aún desde muy niña, la soledad fue mi amiga y compañera, no entendía nada de lo que pasaba, deseaba tanto encontrarme un día con la puerta abierta del patio para poder huir pero esa oportunidad nunca se dio….Con el paso del tiempo ya siendo yo de 13 o 14 años mi mamá se agravó, un cáncer fulminante al útero tocó su vida, dejándola en poco tiempo en estado terminal.  Días antes de morir me llevaron a visitarla a una casa muy pobre, y recuerdo muy bien el día en que entre a esa casa y la vi acostada en esa cama, delgada en extremo, consumida por el dolor y la muerte.  Ese día me enteré de muchas cosas, aquellas preguntas que desde niña me  hice fueron ese día respondidas.

Mi madre me contó que su trabajo era el de ser empleada en una cantina, donde ella tenía que a través de distintas artimañas hacer que los que iban allí a consumir alcohol lo hicieran en grandes cantidades y así yo aparte de mi sueldo recibiría una gran comisión, mientras los hombres más bebían yo más dinero ganaba. Me contó que un día conoció a un hombre y se emborrachó con el, pasaron la noche juntos y producto del encuentro de esa noche nací yo.  Ella no sabía nada de este hombre, ni el nombre, ni el lugar donde vivía, si era casado o no, nada de nada, es más de esa noche no recordaba nada, solo que había estado con el, nada más.

A pesar de todo lo sucedido ella quiso tenerme, pero siguió trabajando en la cantina, consumiendo alcohol, igual estando así embaraza, y apenas dio a luz me entrego a parientes para que me criaran.  Nunca supe lo que era tener una mamá y menos un papá.  Hasta el día de hoy no se quién es.

Pero llegó el día en que yo cumplía los 19 años en la plaza de Salamanca oí la voz de alguien que me llamaba por mi nombre, sentí en mi corazón   que alguien me necesitaba….estaban unos evangélicos predicando y pude a través del mensaje sentir que Dios me llamaba.  Yo hace días atrás estaba planeando como suicidarme y lo iba a hacer, pero él llegó a rescatarme.  Ese día le entregue mi vida, mis dolencias y desistí de atentar contra mi vida.  Una depresión tan grande que desde niña me había atormentado Dios la quitó ese día y decidí seguirle, aprender de Él, me di cuenta que no conocía a Dios, pero que había llegado el día en que si comencé por fin a conocerle.

Un día reconociendo la necesidad que aún tenía en mi corazón oré a Dios confesándole que necesitaba sentir su amor, no me sentía aún libre, Dios me permitió conocer a unos pastores de la Comuna de El Monte que oraron por mí.  Viaje desde Salamanca y cuando ellos oraron por mi me dijeron que tenía que perdonar a mi mamá, pero por sobre todo también a mi papá, pues yo en lo profundo de mi corazón tenía rabia y odio hacia él. Me costó mucho hacerlo, pero tenía que hacerlo pues ese odio hacia mi padre me alejaba de Dios, el pecado nos aleja, es más hay un mandamiento en la biblia que dice que tenemos que honrar a nuestros padres para que tengamos larga vida y nos vaya bien, me costó mucho perdonar, pues las heridas eran grandes, años de guardar rencor, años de sentir odio, pero lo pude hacer.  En el momento en que yo lo perdonaba a mi padre sentía como si unas cadenas que estaban en mis pies se cortaban, un peso gigante en mi espalda era retirado, no podía parar de llorar pues el dolor que estaba guardado estaba saliendo, y esos eran los pesos que tenía en mi corazón. Lloré mucho y lo que más le repetía a Dios en ese momento es ¡Quiero tener un Padre!, lo repetía una y otra vez, ¡Quiero conocer a mi padre!, tanto lo repetí que ese día pude ver a Dios, pude verlo sentado en Su trono, pude ver que se ponía de pié y corría hacia mí.  Mientras veía eso, yo estaba consternada, pues pude conocer a Mi Padre, mi verdadero Padre, y pude ver que corría hacia mi…..Yo corrí hacia El y nos abrazamos en un abrazo que aún no olvido, un abrazo que me consumió toda la amargura y el dolor, un abrazo de Mi Padre que nunca olvidaré.  Dios mi Padre me dijo “Siempre he estado contigo, siempre te he amado, pero ya llegado el día en que estaríamos juntos y nada absolutamente nada nos podrá separar”.

Yo me sentía como una niña de 5 años, abrazada a Su padre, recibiendo el amor y la aprobación de Su Padre.  Ese día me sentí completa, ese día el rechazo y la depresión se fueron para siempre.  Dios me dijo: “Siempre estaré contigo, nunca te dejaré, nunca te abandonaré”, podremos conversar y amarnos siempre, para siempre…..Por fin conocí que Si tenía un Padre!!!

 

 

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