TESTIMONIO: TU MI DIOS ERES EL UNICO FIEL Y VERDADERO

24/10/2014

Por Verónica Bravo U.

 

Soy Verónica Bravo Urrutia, tengo 40 años, casada con 3 hijos (2 varones y una niña).

Quiero contarles que mi vida fue muy difícil, desde niña crecí con mucho dolor, situaciones marcaron mi vida llenándome de odio, resentimiento, dolor, angustia, soledad y abandono.

Así fueron pasando los años y todo esto que estaba en mi corazón día a día se hacía más intenso y no me dejaba tener una vida normal como niña y también en mi etapa de adolescencia.   A los 18 años tuve mi primer hijo y así conocí al Señor un año más tarde, para dejarlo inmediatamente.  Creo que lo conocí de nombre, no alcance a tener una relación íntima con El, como debiéramos tenerlo todos sus hijos, conocerlo a El cómo nuestro Padre.

Y continué mi vida lejos de Él, mi matrimonio empezó mal, yo con un corazón tan dañado y herido nada podía estar bien.  Mi primer hijo sufrió las consecuencias de lo mal que yo estaba, yo no era feliz, no tenía paz y eso se notaba en mí mucho y fueron así llegando mis otros hijos con cinco años de diferencia.  Teníamos muchos problemas, de todo tipo: como persona, como familia, muchos problemas económicos que desde muy pequeña arrastraba.  Yo no contaba con mi familia, estaba sola, no tenía a mi madre cerca pues me hizo tanta falta, casi nunca conté con ella, eso me llevó a odiarla, odié a mis hermanos también, no quería verlos, sentí el abandono de ellos siempre, no contaba con ninguno de ellos, yo les había causado mucho daño también, yo era para ellos una vergüenza, pues les había ocasionado  muchos problemas.  Pasaba el tiempo y mis hijos crecían solos, yo no me acercaba a nadie, mi corazón se había endurecido mucho y mis hijos crecían soportando todo lo que yo arrastraba desde mi niñez.  Tuvieron que aguantar a una mamá llena de odio y resentimiento, que buscó de todo para llenar el vacío de su corazón.  Cuando alguien me preguntaba por mi familia yo respondía “No tengo”, porque jamás los sentí parte mía, mi vida continuaba y día tras días las culpas me agobiaban, y la más grande de ellas fue haber permitido que mis hijos crecieran lejos del Señor llevando una vida difícil,  siendo así  arrastrados por el mundo, le permití al enemigo que gobernara mi vida, mi matrimonio y mis hijos, al punto que nos destruía día a día.

Ya no podía más, no resistía más viendo como todo se venía abajo, hasta que un día 5 de mayo a mis 36 años me volví a Dios, estaba yo y toda mi familia destruida.  Me rendí y le dije a Dios: “Ya no doy más, por favor ayúdame”. Dios está ahí cuando tú lo necesitas, extiende sus brazos y te toma.  Si tienes una vida vacía y llena de dolor, busca al Dios de tu Salvación y comenzarás a vivir, a disfrutar de todo lo que El tiene preparado para ti. 

Y empecé a buscar al Señor día a día sin alejarme de Él, aunque todo a mí alrededor se estuviera cayendo a pedazos.  Cuando lo buscaba, podía sentir su presencia sobre mi vida y me aferraba a Él, cada minuto, recordándole sus promesas.  A veces pensaba que El no me escuchaba porque yo había permitido tantas cosas malas en mi vida, me sentía inmunda, no merecedora de Su perdón, de Su amor, yo sentía que no valía nada, pues el diablo por años me tuvo engañada con mentiras, haciéndome creer que mi vida jamás cambiaría.  Yo no había entendido que el Amor de Dios por nosotros es eterno, que no tiene fin, y que lo había dado todo por ti y por mí.  Pero aún así continuaba con amargura en mi corazón y me sentía con mucho dolor aún.  Hasta que un hermoso día de Septiembre, El Padre más hermoso que puede existir, el único, fiel y verdadero, el Dios de mi Salvación vino a sanar mi corazón, en un tiempo de adoración en Casa de Fuego (congregación a la cual asisto) yo pensaba que pasaría mucho tiempo antes que llegase ese día,   ¡Inolvidable Día! , mi amado vino y sano en un segundo lo que por 40 años había sido roto y destruido, me emociona aún recordarlo, fue tan maravilloso, conocí el amor de Dios por mí, lo sentí, me sentí amada por El, me sentí importante para El,  sentí gozo, mucho gozo entró a mi ser, reía como una niña, reía y reía., fue maravilloso.  Solo deseo amarlo, entregarle todo lo que soy, vivir para El, no quiero otra cosa que no venga de El.  Y así también ese mismo día sanó mis manos que hacía tiempo me dolían mucho, se me adormecían e hinchaban, y tenía dificultad para hacer mis cosas diarias.  Pero ese día, todo se fue, literalmente como si hubiera tomado una goma y borrado todo.

Ya no había dolor en mis manos, y tampoco en mi corazón, cicatrizaron las heridas que por años dolían y dolían.  Saco todo lo que impedía que me encontrara con Dios, ahora vivo con Su paz en mí, con gozo, hasta mi rostro cambió.

Así también Dios restauró mi relación con mi madre y familia, sentí ganas de verlos, conocer a mis sobrinos, y emprendí mi viaje a los Ángeles con mi hermano, me di cuenta que no lo conocía y que estemos hoy juntos conociéndonos como hermanos y es maravilloso que me trate con amor y delicadeza.  Viajamos juntos al sur, hacía 18 años que no volvía a ese lugar, y estuve con mi madre y la mire con amor, la abracé y la sentí mía, a cada uno de mis familiares pude abrazarlos y sentir por primera vez que eran tan parte mía, claro si tenían mi sangre, la que por años había negado a causa del odio y abandono, fue un tiempo hermoso que Dios preparó.

No hay nada que Dios no pueda restaurar, y hoy puedo decir con Autoridad, Dios cambió mi vida, sanó mi corazón y tiene tanto para darme y yo a Él.  Mi vida le pertenece, tengo dueño, tengo Padre.  También está restaurando mi matrimonio y el corazón de cada uno de mis hijos, dice la Biblia que si “El empezó una obra en nosotros será fiel en completarla”.

También puedo decirte que nadie llenará el vacío de tu corazón, solo hay uno y ese es Dios tu Padre.  Se acabó el desierto que viví toda mi vida.  Espero que te sirva mi testimonio para que guardes esperanza y creas que no estás solo (a), que cuando menos lo esperas llegará la luz a tu vida.

Y verás frente a ti un hermoso valle, y una vida plena con Dios que te inundará de Paz, gozo y esperanza, para nunca más sentirte sola (o).

De modo si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas (2° Corintios 5:17) Esta es una maravillosa promesa de Dios para tu vida, así ocurrió en mi vida y también lo hará en la tuya, Si buscas beber de la fuente de vida que es Jesucristo.

 

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