Ciertamente hoy nos encontramos en días de muchas voces, muchas opiniones e ideas vienen y van, particularmente en medio de debates de re construcción de nuestra sociedad, en medio de un periodo previo a las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile. Estamos en el albor de una nueva era, estamos viviendo días de gran tensión, puesto que la batalla es por quién predomina en cuanto a alzar la voz, quien escribe en los corazones de la gente, estamos en la batalla de quién escribe nuestra nueva historia, que finalmente es quién escribe en los corazones de la gente.

 

Hoy podemos ver a un Gobierno Chileno que toma una posición, abiertamente y dando la espalda a millones de chilenos. La educación de nuestros niños está siendo modificada a la fuerza, sin preguntarnos, a toda costa se pretende escribir en el corazón de los niños chilenos, puesto que obviamente ellos definirán el futuro de la nación. No pretendo ofender a nadie, ni esconder que hay quienes puedan necesitar una solución por parte del Estado, ante una situación que lo requiera. Pero la mayoría no pensamos que se deba adoctrinar a todos los niños en pro de una sola cosmovisión, y en un tema tan delicado, como lo es la sexualidad.

 

Como sociedad, debemos ser conscientes y responsables por el bien de la misma. Es absurdo que tanto en la educación, como en cualquier ámbito, pretendamos poner al estado a cargo de hacer pensar o creer a la ciudadanía, el estado está para regular, para articular el bien común de sus ciudadanos, y no para tomar una posición. Es imposible que un aparataje tan grande nos considere como personas, finalmente no somos para el estado más que un número, una boletilla de turno en una sala de espera, una cédula de identidad, una ficha, los niños del Sename no son más que un “Stock” (por fuerte que suene) y para quienes administran el estado, no somos más que un voto. Es absurdo considerarlos a cargo de la cultura de la nación. Somos los padres quienes, generación a generación, tenemos la responsabilidad de traspasar una voz, un relato, una visión, una cultura, una forma de pensar y de actuar.

 

El reciente arribo y tránsito por las calles santiaguinas, por parte del “Bus de la Libertad”, ha sido en estos días una fuerte expresión de este choque cultural, nos ha expuesto como sociedad, y ha puesto sobre la mesa la inminencia de un cambio cultural del cual debemos hacernos cargo. Quienes tenemos una claridad y convicción de principios y valores, debemos considerar que habrá detractores y personas que piensan y actúan de manera diferente, que estarán dispuestas a la violencia inclusive, y que querrán acallar nuestras voces. Sin embargo, debemos pensar mucho más allá de nuestros propios valores o principios. Hemos visto en televisión, acalorados debates ciudadanos en vivo y en directo, manifestaciones pacíficas y violentas, y dos buses recorriendo Santiago, uno detrás del otro. Pero es en la argumentación y la defensa de nuestras ideas, donde tal vez perdamos el tiempo, tratando de convencer a personas que piensan diferente, que incluso jamás estarán dispuestas a ceder en sus ideas y convicciones, y que no van a cambiar.

 

Hoy nos toca un rol fundamental. Ya no debemos esperar hacer cambiar de parecer a otros simplemente hablando, nuestra fortaleza está fundamentalmente en el SER, desde el pensar en lo JUSTO, LO PURO, LO VERDADERO, y manifestarlo abiertamente en nuestra forma de actuar, en que nuestros hijos y los ciudadanos, nos vean actuar en integridad y en congruencia con lo que creemos. Es entonces, cuando banderas se bajarán, voces se callarán, Y LA VERDAD ROMPERÁ LAS CADENAS DE LA NACIÓN Y NUESTRAS GENERACIONES…CHILE, LA VERDAD HOY TE HACE LIBRE.

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