TESTIMONIO: "NO TENGAS VERGUENZA, DIOS TE AMA ASI COMO ERES"...

 

 

Hola mi nombre es Adolfo González, vivo en la Comuna de Santiago de Chile desde los 8 años. Hoy estoy casado hace 7 años y tengo un hijo de 3 años, esperando en Dios poder tener más hijos, no me gustan las familias pequeñas, al contrario, quiero una familia grande, con muchos niños, una casa donde pueda oír sus juegos, sus risas, caminar entre juguetes y mucha felicidad. 

Mis papás se separaron cuando yo tenía 8 años, y desde entonces anduve de casa en casa, tanto de familiares como de amigos de mi mamá, desde ese momento comencé a tener poco contacto con mi papá,  poco a poco dejamos de vernos y hablarnos hasta perder completamente la comunicación. Por causa de la separación yo sufrí mucho, al principio no sabia lo que pasaba, no entendía nada, mi mamá decía que mi papá había tenido la culpa de habernos al final separado, pero mi papá decía lo contrario, fue todo muy confuso para mí. Por causa de que me quedé con mi mamá y ella tenía que trabajar me dejaba en casa de una tía de ella, de otros familiares, y en esos lugares para mí extraños sufrí mucho, sufrí toda clase de abusos, cuando iba al colegio lo hacía contento porque no quería estar en casa de mis familiares, solo quería volver cuando estuviese mi mamá. Por esa causa me demoraba horas en volver, otras veces no volvía, me quedaba en plazas, parques o deambulaba por el sector, hasta que se oscurecía y sabía que mi mamá ya había vuelto. No me importaba soportar los retos o los golpes cuando volvía a casa, los prefería a tener que soportar insultos y maltratos.

Obviamente mi permanencia en la calle por mucho tiempo me hizo muy mal, aprendí a mentir, a robar, me drogaba y para peor me metí en cosas aberrantes, y esas cosas me habían vuelto a mí una persona así también “aberrante”. Lo digo porque me metí muy fuerte en pornografía, pornografía dura, con violencia, al extremo de aún buscar mujeres con quien hacer todas esas cosas que veía.

Nunca dejé el colegio, al contrario, pero cuando salía a la calle era otra persona, y así fui siempre.  Gracias a Dios pude terminar mis estudios en un colegio técnico y egresar como Ayudante contable. Pude salir adelante económicamente, pude ayudar a mi mamá, darle una casa, estabilidad, pero debajo de mi terno, debajo de este hombre de “cuello y corbata” se escondía alguien totalmente diferente.

Fue tan grande en  la corrupción que me metí, que no me importaba estar con personas de mi mismo sexo, menores de edad y más aún ser parte de aberraciones que no puedo nombrar. En la oficina me mostraba intachable pero esta máscara duraría muy poco tiempo.  En una fiesta realizada por mis compañeros de oficina fue cuando la máscara se me calló, terminamos muy borrachos y abrazados a mujeres que ni conocíamos, hasta que un poco de lucidez vino a mi y la mujer con que estaba me dijo que era prostituta….al decir eso sentí como si un balde de agua fría me recorría entero, pude ver mi condición, pude ver lo bajo que había caído, vinieron a mi mente las muchas mujeres que yo había engañado, y aún utilizado a mi conveniencia. Vinieron imágenes detestables de mis muchas noches de locura y desenfreno. Pude verme a mí mismo convertido en una basura, alguien tan hipócrita, pues mi mamá pensaba que yo era buena persona, tranquilo y decente.  Ella se jactaba con sus amigas que “su hijo” tenía buenos principios morales, y que por lo tanto yo era el mejor. Ella no sabía la verdad, debajo de mi buena pinta se escondía alguien que cuando se pudo ver así mismo sintió pena y asco de la vida que llevaba.  Yo pensaba que solo merecía el desprecio de todos, pero un día un hombre en el Paseo Ahumada en Santiago, habló de cuanto Dios nos ama, y que ese amor es tan grande que El envío a su Hijo para que El pagara por nuestros pecados, y que no había pecado tan grande el no pudiese perdonar y limpiar. Eso me quebró por dentro pues ¿Cómo Dios me podía amar así? No lo podía entender, lloré mucho ahí en la calle, lloré tanto que mis lágrimas regaron el suelo donde caí de rodillas pidiendo perdón y misericordia. Aquel día fue el día donde llegada la noche pude sacarme mi terno, mi camisa y corbata y sentir que ya no era otra persona, sino que el amor de Dios me había rescatado.

Empecé a asistir a una congregación en la comuna de Providencia, y allí me acogieron con los brazos abiertos. Pero un día, hubo un bendito día que me citaron para orar por mí, por mis necesidades…y en ese momento recordé todo lo que había hecho en mi vida, no podía hablar, no me salían las palabras, quería contar todo pero no podía, la vergüenza era mucha…hasta que una pastora que estaba a mi lado me dijo: “No te preocupes, nosotros no somos mejores que tu, también en el pasado hicimos cosas terribles, pero Dios nos perdono, no tengas vergüenza, Dios te ama así como eres, y te está esperando”.

Esas palabras fueron como un refrigerio para mí, pude contar todo lo que había hecho, y cuando lo hice pude sentir que Dios me abrazaba, pude sentir su amor rodeándome, pude sentir que por primera vez alguien me abrazaba y me besaba el rostro con tanta pureza y amor que no me pude sostener en pié, ese día supe, con claridad y convicción que Dios SI EXISTE, sus brazos aún me tiene abrazado, nunca me han dejado, nunca más El dejó que sintiera vergüenza de mi mismo y mucho menos que me condenara por lo pasado.

Dios te espera, para abrazarte, no importa lo que haya sucedido en el pasado, Dios está con sus brazos abiertos para abrazarte y no soltarte nunca más…te devolverá lo que el diablo te robó y te dará identidad, pues de su boca oirás igual como pude oír yo: Tu eres Mi Hijo, yo te engendré hoy….

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