LA NECESIDAD MAS COMÚN DE LOS NIÑOS RESPECTO A LA EDUCACIÓN..

 

 

Si me preguntasen cual es una de las necesidades más comunes de los niños dadas dentro del contexto educativo, yo, personalmente diría que es el desconocimiento de lo esencial, y ante esto no hablo de algo utópico ni algo tan abstracto, más bien es algo abordable con hechos prácticos, con la sencillez y humildad de la educación.  A continuación, explicaré a que me refiero con esto de una manera más clara, así que espero que usted me pueda acompañar en esta conversación, caminemos juntos y vayamos respondiéndonos algunas preguntas.

Primeramente ¿A qué me refiero con el desconocimiento de lo esencial?, me refiero a las pocas respuestas que los niños suelen tener ante sus famosos “¿Por qué?”, pues claro, quizás muchos nos hemos dado cuenta que hay cierta etapa de la niñez en que pareciese que lo único que saben decir los niños es ¿Por qué? Y así mismo ya no encontramos más respuesta ante su búsqueda insaciable y profunda sobre todos los temas habidos y por haber. Pero, ¿Por qué casi todos (si es que no todos) le toman tanto cariño a esta frase pequeña de apenas 2 palabras? Debe haber alguna razón, claro, y ante esto incluyo a todas las edades, todos buscamos saber el porqué de las cosas, entender que es tal cosa y para qué está, y bueno, acá nos encontramos con un familiar del ¿Por qué?, el ¿Para qué? Deseamos siempre entender lo que se está haciendo, pues si tenemos algo enfrente, por ejemplo, si un profesor nos pone algo en frente de nuestros ojos, sea lo que sea, algo nuevo, quizás algo que nos guste o que simplemente no, pero es algo que no habíamos visto, no habíamos escuchado, necesitamos saber ¡QUE ES ESO! Y de qué manera nos puede afectar, y no podemos quitar esto de nosotros y mucho menos quitarlo de nuestros niños, y de nuestras próximas generaciones, hay algo dentro de nosotros que nos impulsa, que nos inquieta a entender las cosas, que nos llama a tener luz y orden dentro de nosotros, No es un juego ni una niñería. Simplemente es algo que no podemos negar, y es algo a lo cual debemos dar atención, pues debemos mejorarlo.

La educación tiende a ser principalmente en esta época un movimiento que entrega conocimientos y conocimientos, cuestión que muchos grupos de educación están buscando modificar y se han visto en la necesidad de crear algo apartado de lo que el sistema educativo a nivel ministerial y gubernamental han construido. No todo es conocimiento, una cosa es saber de algo, haber oído algo, pero otra es saber qué es eso, para que sirve, como funciona, y esto se asimila, se absorbe a nuestro “órgano” del entendimiento a través de la experiencia, lo cual trae consigo una revelación, una apertura genuina al “comprender”. Y es esto, una necesidad urgente en los niños, el conocer a través de la experiencia, aprovechar los acontecimientos cotidianos en el hogar, la escuela, el supermercado, la plaza, etc.  Realmente todo enseña, el tema está en permitir que los niños abran los ojos de su entendimiento ante todas las situaciones, ¿O es que acaso el aprendizaje esta solo dentro de la escuela? Pues claro que no, respetamos a los profesores por su enorme labor, pero jóvenes, adultos, Padres, el aprendizaje está en todos lados, la enseñanza esta en todos lados, pero quien, ¿Quién tiene sus ojos abiertos para entender y aprender? Con esto no estoy diciendo que los niños deben hacer lo que quieran y vivir todo tipo de experiencias, caeríamos en un grave y absurdo error, solo digo que es importante aprovechar todas las circunstancias (hechos prácticos) para enseñar a los niños. Y es esto a lo que me refería cuando decía que conocer lo esencial se aterriza en hechos prácticos y no en algo utópico y volátil.

 

Junto con esto hay algo demasiado importante, que es transversal y fundamental para toda la vida de una persona, en este caso, un niño, que es el conocimiento de quien Es El. Ellos deben saber quiénes son, entender para que hacen lo que hacen, conocer su verdadera identidad, la identidad que Dios le dio, aquello que El Padre escribió para cada uno. Debemos saber que un niño es como una semilla, tal como lo dice Johann Pestalozzi “El profesor debe ser como un jardinero, proporcionar las mejores condiciones externas para que las plantas sigan su desarrollo natural. Después de todo, la semilla lleva en sí todo el diseño del árbol”

Cuando se comprende que cada niño es como una semilla y se responde a toda su naturaleza, desarrollando todo lo que Dios escribió sobre él, o sea tanto él, como sus padres o adultos responsables conocen su identidad, todo lo que pase, TODO ayudará a bien.

Y sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, es a saber, a los que conforme al propósito son llamados. (Rom 8:28)

Cuando se es consciente de quien uno es, todo lo que suceda nos hará bien, pues podremos verlo desde el entendimiento, entender que tal cosa me puede ayudar para mejorar cierto asunto y que vivirlo me permitirá crecer, ver esto nos hace vivir entendiendo que quizás una situación dolorosa puede tener tanto valor para producir en mí los frutos, hacer cada vez más visible aquel potencial, pues la experiencia me mostró la realidad, lo importante y rescatable del acontecimiento. Esto a la vez quebrará lo que es la competencia, pues disfrutarán aprender a su ritmo, aprenderán entendiendo su potencial, y reconociendo el potencial del otro, el de su amigo, de su compañero, de cada persona.

Aprendamos a ver las cosas como corresponden, si viéramos la vida de cada niño como una vida con identidad y propósito, no perderíamos el tiempo presionando a que aprendan lo insignificante, dañando sus ojos del entendimiento, produciendo lágrimas de ignorancia y competencia, sino que lo que aprendiesen sería por amor.

Al fin y al cabo, parte de la necesidad de los niños, es la búsqueda de unos padres responsables, de unos profesores responsables, que miren a los ojos de los niños con diligencia y sinceridad y entiendan humildemente quien ES ÉL, digo humildes, pues deberán sacar de sí toda idea preconcebida que perjudique el desarrollo puro de cada semilla.

Debemos entregarnos, debemos dar más y más de nosotros mismos, para la edificación de estos tesoros, de estas semillas.

Mostremos esta luz, no temamos a perder o a gastar, pues no se acabará jamás, sino que por siempre resplandecerá para alcanzar a uno y a miles.

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