SOBRE UNA CULTURA INMEDIATISTA...

 

 

 

 

Con los cuatro meses que llevo trabajando en un programa de SENAME ha sido suficiente para darme cuenta que algo anda mal con las familias de Chile, o con lo que entendemos por familia, y por tanto, de la sociedad chilena.

Escuchar a padres y madres que se quejan de que su hijo es desobediente, irrespetuoso, hace cosas indebidas, flojo, retrasado, peleador, y tantas etiquetas más… etiquetas y palabras que son como aguas sucias que contaminan la identidad de los niños, la semilla que ellos son. Crecen como árboles chuecos y sus ramas se vuelven un estorbo, pero no es un estorbo, es la consecuencia de abandonar una responsabilidad.

Ver que los niños aprenden más rápido que los adultos a corregir sus errores en un taller didáctico, me ha permitido ver que el problema no ha sido el niño en sí, sino la falta de responsabilidad y renuncia propia de los padres por comprender a sus hijos, ¿será que no hemos entendido el valor de la familia, y de la importancia de invertir esos pequeños momentos de felicidad en nuestros hijos?

He escuchado expresiones como éstas, dichas con ligereza: “mi hijo tiene déficit atencional, pero se ha portado bien, se ha tomado todas las pastillas, está al día”… ¿En qué momento se artificializó la crianza del niño? Yo sólo puedo responder: DESDE QUE EL INMEDIATISMO TEMPORAL REEMPLAZÓ LA DEDICACIÓN QUE IMPLICA AMAR A ALGUIEN MÁS ALLÁ  DEL LÍMITE DE NUESTRO EGO.

El problema no es que tengas mayor o menor capacidad para ser padre o madre, sino en cuánto estamos dispuestos a renunciar a lo que creemos entender de nuestros hijos, para dedicarlos a escucharlos atentamente y dejar que esa escucha activa, inspirada por el amor nos haga comprenderlo realmente. No se trata de lo que tú interpretas, sino de lo que logras comprender por medio del lente del amor, y valorar lo que dice, lo que siente, el valor de la potencia de una semilla.

El inmediatismo te hace renunciar a lo que requiere más tiempo, a lo que se cultiva, el inmediatismo se ha vuelto prioridad, un velo que nos impide ver un árbol lleno de frutos, y nos hace ver “un grano que se demora en crecer”, ignorando lo que necesita dedicación, diligencia, atención continua, un proyecto de largo plazo, etc.

El inmediatismo no sólo se ha vuelto una mentalidad, sino un hábito socio-cultural que condiciona inconscientemente nuestras prioridades, deseos y gustos a un presente hedonista e individualista. Es más inmediato culpar a alguien que dedicar tiempo a reparar lo dañado; es más rápido desechar y comprar algo nuevo, en vez de restaurarlo; es más inmediato desechar una amistad, que recuperar la confianza desmoronada. Ese es el problema: es rápido y fácil, NO REAL.

 

Un pensamiento eterno

Hay una cultura que es eterna, que se proyecta más allá de una vivencia terrenal. Una cultura que tiene que ver con hacerse cargo de nuestros actos, y dedicar tiempo en restituir lo perdido. De amar algo, y que no te des cuenta cómo pasa el tiempo, con tal de ver esa restauración consumada, ver esa semilla insignificante como un árbol frondoso lleno de frutos. Y ni siquiera que lo alcances a ver, sino que tengas paz, porque diste todo por restaurarlo, más allá de tu propio egocentrismo y deseo de placer inmediato.

No se trata de ser chileno, sino eterno… La mentalidad de nuestra nación debe ser cambiada, y esa se dará cuando traslademos nuestra atención y consciencia de lo inmediatista a lo eterno. Y eso no se consigue con excusas ni culpando a otros, sino haciéndonos responsables, y asumir el llamado del Padre. Es la única manera de ser una nación santa, dedicar tiempo a lo que el Padre escribió de nosotros,  por Su amor y misericordia,  y no en forzarse a cumplir expectativas despampanantes, pero vacías, llenas de egoísmo. Contempla como el Eterno contempla.

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