TESTIMONIO: "ESTABA YO MUERTO, Y EL ME VOLVIO A RESUCITAR"...

 

Mi nombre es Juan Arismendi, vivo en la Comuna de El Monte hace ya 8 años.  Nací en la ciudad de Temuco, pero la mayor parte de mi vida viví en la ciudad de Los Ángeles.

Mi llegada a esta Comuna fue por razones no tan agradables, en verdad me tuvieron que traer debido a que enfermé y en los Ángeles no tenía quien me cuidara. Acá en El Monte una de mis hermanas podía cuidarme y acogerme en su casa.  Es por esta razón que vivo acá, ahora entiendo que Dios tiene preparados caminos que ni siquiera podemos imaginar. Ni planear, Dios tiene propósitos buenos para nosotros, aunque al principio no lo entendamos.

Quiero contarles mi testimonio para que de una u otra manera no cometan los errores que yo cometí, y les pueda servir para sopesar lo realmente importante en la vida, yo lo entendí, un poco tarde pero lo entendí.  Quiero contarte que mis padres fueron personas muy buenas, trataron siempre de darnos lo mejor, yo asistía al colegio, pero siempre era yo el que les daba a mis papas grandes dolores de cabeza.  Me reconocían por el “revoltoso” del grupo, el más canchero, el polilla, el más alegre y bueno para bromear e ir a las fiestas.  Muchísimas veces en vez de ir al colegio me iba con mis amigos a pasarla bien en la plaza de la ciudad, o nos íbamos a lugares alejados para así poder beber alcohol y fumar tranquilos sin que nadie nos dijera nada, pues éramos menores de edad, y a mis padres los conocían mucho, así que en lo posible nadie podía verme.  De tanto hacer la cimarra y según yo “pasarla bien” con mis amigos no terminé la enseñanza media, mis padres decidieron sacarme del colegio para que comenzara a trabajar.  La verdad fue peor, pues teniendo yo dinero podía aun más hacer lo que yo quisiera.  Aprendí en las vueltas de la vida a tallar madera, y me convertí en uno de los mejores talladores de la zona, era muy requerido y por lo mismo ganaba muchísimo dinero.  Ese dinero lo invertí en comprarme una casa, eso fue lo mejor que hice, pues lo demás lo derroché, lo gastaba con mis amigos, tratando de satisfacer el vacío que había en mi corazón.  A la edad de 21 años conocí  a la que fue mi esposa, y con ella tuvimos una hija maravillosa, que hace poco que hizo abuelo.  Pero por causa de la vida que yo llevaba, de borracheras, mujeres, y fiestas terminó dejándome cuando mi hija era aún muy chiquitita. Fue difícil, pero ahí estaba yo queriendo salir adelante, con mis amigos y el alcohol decía yo, la vida era más fácil.  Cuando ya no daba más y lo había perdido todo, en la calle y en la condición en que me encontraba escuché una voz, detrás de los cantos y las palabras de un grupo de gente que le cantaba a Dios en la calle, ahí oí la voz de Dios que me llamaba, para sanarme mis heridas y hacer de mí una mejor persona.  Yo creí, con todo mi corazón necesitaba creer, en verdad sentía por dentro que cada día moría más, pero ese día de salvación llegó y comencé desde allí a conocer a Dios y su palabra.  Dios me sanó y liberó mi corazón, mientras estuve pegado a Dios conociéndolo y entendiendo su palabra todo estuvo bien, pero decidí igual seguir con mis amigos, y con mi vida antigua. 

Estando yo en mi casa en Los Angeles, un día viernes del mes de octubre hace 9 años atrás, solo y borracho, llorando mis penas, me dio una trombosis que casi me mata.  Estuve desde el viernes hasta el lunes tirado en el suelo, inconsciente, hasta que mi mejor amigo me encontró y me llevo al hospital.  Cuando me estabilizaron y desperté, producto de la trombosis no podía hablar, y todo el lado izquierdo de mi cuerpo estaba como muerto.  Mis riñones se habían dañado mucho, tenía que usar hasta pañales y con el tiempo tuvieron que someterme a diálisis, pues el daño había sido muy grande.  Estando yo aquí en la comuna de El Monte, y en muy malas condiciones físicas y emocionales, pasaba yo todo el día en cama, aún más sentía que moría, nadie de mi familia en el sur pudo ayudarme o cuidarme, sino solo mi familia de acá de El Monte.  Pero una tarde de sábado del mes de Septiembre del 2011 recibí unas visitas en mi casa, unas personas andaban ofreciendo ayuda a  todos los que necesitaran, ellos oraban a Dios por esas peticiones que uno tenía, y cuando llegaron a mi casa inmediatamente mi hermana me pregunta si yo quiero que oren por mí, sentí tanta alegría porque quería reconciliarme con Dios y pedirle que nuevamente me sanara. 

Pero saben, ya no pensaba que me sanara físicamente (como toda persona lo anhela), más necesitaba que me sanara por dentro, que El me cambiara y me hiciera una nueva persona, una persona nueva, una persona con un corazón bueno y limpio.  Mi necesidad mayor no era la física, sino la de mi alma, ya no quería vivir siendo mala persona.  Yo pensaba ¿Qué saco con sanarme por fuera si la peor enfermedad la tengo adentro? Yo quería ser otra persona, pues por culpa mía destruí a mi esposa y a mi hija, que espero poder verlas un día y pedirles perdón por todo el daño que les hice.  Nosotros los hombres, los seres humanos desde que nacimos somos malos, necesitamos a Dios para que haga de nosotros buenas personas, yo se que toda mi situación actual tiene que ver con lo que yo hice, todo lo que sembré coseche, el que siembra corrupción, segará corrupción.  Las prioridades en mi vida cambiaron, lo más importante hoy es Dios, y se lo demuestro siendo buena persona gracias a El , pues solo El nos puede cambiar y transformar.  La sed que tenía en mi corazón, el vacío ya no está, Dios había mandado nuevamente a salvarme, porque perdido estaba yo, pero mi Padre me volvió a encontrar, estaba muerto pero mi Padre me volvió a dar vida otra vez…..

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