REFLEXION: EL LEGADO DE LOS PADRES

 

Anteriormente hablamos prioritariamente de entender el propósito de nuestros hijos y cómo ayudarles a realizarse para que este propósito se cumpla. Curiosamente nuestra influencia no terminará hasta que partamos de esta tierra. Nuestros hijos cumplirán su mayoría de edad y seguirán necesitándonos para algún consejo, para guiarlos en sus decisiones y en el cómo hacer diariamente, en lo cotidiano.

Los niños están acondicionados emocionalmente para ser moldeados y recibir su formación, la que no se borrará hasta los cinco años. Todo lo que reciban ellos como información quedará implantado en lo profundo de su corazón, en su mente, en su memoria y será el motor que lo moverá a lo largo de la vida; por eso es tan importante crearle un ambiente agradable, un entorno sano y con padres sanos emocionalmente, para que los patrones de comportamiento y lo que hayan sido círculos de reprobación no se repitan. En algún momento debemos romper esos círculos que nos hicieron sufrir, para evitar lo más que se pueda, que nuestros hijos no entren en el mismo patrón. Ejemplo: decíamos violencia, abusos de todo tipo, maltrato verbal, psicológico, y sexual, agresividad, flojera y todo tipo de vicios, sin proyección, sin visión de lo que podría ser su futuro si tuvieran la oportunidad o de crear esa oportunidad ellos mismos o nosotros para ellos.

Somos nosotros el modelo a seguir en todo. Seremos nosotros causa de imitación para beneficio o para repudio, tanto de nuestras familias como de la sociedad.

La maldad y la agresividad han aumentado en nuestra sociedad en comparación a algunos años atrás, pareciera a todas luces que esto va en aumento. Debemos procurar que nuestras familias quiebren ese círculo vicioso, depende de nosotros formar gente y ciudadanos que salgan y rompan ese patrón de vida. Por eso hago nuevamente énfasis en que es muy importante formar a nuestros hijos, cuya cuna y base sea en amor, amor que acoge, que abraza, que acompaña, que forma y corrige, que anima, que impulsa, que da herramientas, que aconseja y que es un ejemplo viviente; porque el espejo en el que nos miramos es en las autoridades que hemos tenido de primera mano, nuestros padres, los abuelos, y así sucesivamente ha ocurrido en los que nos antecedieron y así como los que vendrán después de nosotros. Somos espejos donde la gente mira. Si le preguntamos a distintas personas cómo les gustaría ser, ellos van a mencionar a alguna persona que les parece que son un ejemplo de vida por alguna razón.

Junto con la parte emocional y moral, está el legado económico, pues los padres debieran dejar a sus hijos una herencia económica, que ellos puedan disfrutar.

Muchos matrimonios o parejas se establecen sin nada o con muy poco, con lo esencial, pues se confía en que, poco a poco saldrán de la condición de necesidad constante, donde  familia y amigos ayudan a armar una casa. Ambos probablemente ponen para el arriendo y años más adelante se arma o pudiera soñarse con un proyecto de casa propia. Nuestra sociedad funciona así y culturalmente somos así.

De la manera en que las clases sociales se manejan o se comportan, hay un denominador común, y es tratar y hacer el gran esfuerzo de conseguir algo propio que dure y trascienda después de nosotros. Sería esa la herencia para una clase media baja, que con gran esfuerzo cumpliría su sueño en años. Para una clase baja los anhelos están relacionados con las necesidades básicas satisfechas. Para la clase alta, donde la riqueza es mucha y está asociada a empresarios y profesionales de alta calidad, el dejar un legado económico es una realidad y algo que es posible, es un estilo de vida. No es mi intensión hacer una crítica social, en cuanto a la repartición de la torta, sino apuntar a que cada padre en cualquier situación en que esté, procure formar de tal manera a sus hijos, que sea posible encaminarlos a que ellos cumplan el deseo y el sueño de tener una herencia, que pase de generación en generación. Al menos abrirles el  camino para ello. Hemos visto tantos ejemplos de gente de esfuerzo, que le ha doblado la mano al destino con gran entereza, con dedicación y con el objetivo de conseguir emerger y cambiar una realidad que no es la que se vive o la que han vivido por años, por eso ningún esfuerzo es poco o insuficiente, siempre será una constante porque nuestro rol no termina nunca, porque aún después de la muerte, ese legado que nosotros dejamos tocará generaciones después de nosotros.

Proverbios 13:22  El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos, pero la riqueza del pecador está reservada para el justo.

Proverbios 19:14  Casa y riqueza son herencia de los padres, pero la mujer prudente viene del SEÑOR.

 

Estos dos pasajes de la Biblia hablan de lo que Dios espera de nosotros, de que podamos abrazar a nuestros hijos en todas sus áreas, de proveer seguridad y confort, de dar resguardo y eso pasa tanto en lo emocional, como en lo natural, en lo físico, en lo concreto y pasa por tener un lugar digno dónde vivir, pero también por proveer un hogar. Parecería que Dios no se preocupara de esas cosas tan banales o que está tan ocupado que no se le puede molestar, pero no es así, Dios se preocupa de todas nuestras necesidades, principalmente porque él es padre y en su amor de padre, él nos ha dado a su hijo para perdón de nuestras injusticias que lo han ofendido por generaciones. Jesús, un ejemplo de hijo que vivió como hombre en su carne y que se sujetó, honró, amó  y fue tan fiel al amor de su padre, que bueno es aprender de él. Padre e hijo son ejemplo de vida para tomar consejo y conducirnos de manera correcta.

Como padres procuramos darle lo mejor a nuestros hijos y nuestro corazón late a full por ellos. Estamos pendientes de sus necesidades, de sus alegrías  y sus dolores. Trabajamos de muchas maneras para darles lo mejor según nuestras posibilidades. Soñamos tratando de imaginar sus vidas futuras y soñamos con haber cumplido. Nunca es pérdida hacer algo por un hijo, un esfuerzo, un sacrificio, es el amor funcionando…si le añadimos sabiduría y templanza, podemos tener una vida que proporcione a nuestros hijos equilibrio y seguridad, paz y bienestar.

Si esta no es tu realidad, te invito a intentarlo, a poner el corazón y la determinación de hacer cambios sustanciales en tu familia, para romper los patrones de comportamiento herrados, de sumar más amor y buen trato  a tus hijos y a tu cónyuge, vale la pena!!. Démosle la vuelta a situaciones que nos han dado tristeza, que nos han afligido, que nos han separado y nos han hecho alejarnos talvés de los que más amamos.

El amor no es mariposas en el estómago, no es sentimentalismo, no es un sentimiento, el amor es una acción que se elige, es un fruto y es un don que se desarrolla y eso depende de nosotros. Es un gran paso, pues el amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; 1 Corintios 13:4-8

Juan 3:16-17  Porque de tal forma amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, sino tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El.

Amar es una gran tarea que debemos procurar, pues implica dar el todo por el todo.  El amar provoca que nos neguemos a nosotros mismos por amor a ellos, pues cuando somos padres la motivación por las cuales hacemos las cosas cambia, nos damos cuenta de que todo lo que hacemos por ellos, pues entendemos que es una gran responsabilidad haberlos traído al mundo y que depende de nosotros que ellos sean una generación mejor que la nuestra.

Es tan grande el amor de un padre y una madre hacia un hijo, este permanecerá para siempre.

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