TESTIMONIO: ¡FUI SANADA DE UN CANCER TERMINAL! NO HAY NADA IMPOSIBLE

 

Mi nombre es Silvia Villanueva, vivo en la Comuna de El Monte hace ya muchísimos años, tengo 76 años de edad, yo estaba en una situación muy difícil, mucha pobreza, enfermedad y soledad azotaban mi vida.  Pero se y lo he comprobado mucha veces que se puede salir adelante, no solos, pues nuestras fuerzas son limitadas sin Dios.

Estaba pasando un tiempo muy malo, en verdad muy malo, hace más de un año me habían detectado un cáncer en mi mama izquierda, el tratamiento al cual me sometieron no dio resultado y el cáncer se esparció por todo mi cuerpo. Los médicos me recomendaron que tratara de vivir el tiempo que me quedaba de forma tranquila y con los míos, pero yo no tenía a nadie, a mi hija no la veía hace ya muchísimos años, habíamos perdido todo contacto posible. Cada día que pasaba los dolores en mi cuerpo crecían, me sentía tan mal que no podía ni siquiera congregarme.  Llegó un momento en que mi brazo izquierdo, justo en la mama donde había tenido el cáncer se me paralizó, quedándome este doblado, no lo podía mover y el dolor del brazo y de la mama izquierda no  me dejaban siquiera dormir.  Ya casi no comía, a veces no me levantaba, pues no tenía fuerzas, solo me levantaba para ir a cobrar mi pensión y comprar algunas cosas para poder comer y nada más. 

Fueron días terribles pero yo oraba, y oraba a Dios para que me ayudara y si era hora de partir que ya estaba lista.  Eso decía yo pero en verdad tenía miedo a morir y más aún el partir sin haber visto a mi hija por última vez.

Hasta que un día vino a visitarme una hermana que estuvo varios años congregándose con nosotros en mi iglesia, pero ella venía acompañada de la que hoy es su pastora.  Para mí fue demasiada la alegría cuando las ví…y que más grande sorpresa era ver que aquella pastora era la nieta de una de mis mejores amigas. 

Aquella pastora hablo conmigo muchísimo, sus palabras trajeron descanso y mucha paz a mi corazón, yo tenía vergüenza más que nada de no poder atenderlas o recibirlas bien, mi casa era muy chiquitita y no tenía mucho.  Pero aquella tarde fue una tarde especial pues antes de que ya se fueran, la pastora oró por mí. Cuando la pastora estaba orando, ella se detuvo en su oración y me pidió que todo lo que ella le estaba en ese momento pidiendo a Dios o declarándolo hecho, yo tenía que creer, tenía que tener Fe para que esa oración fuera eficaz.

Oraron por mi y me sentí mucho mejor.  Al día siguiente cual fue mi sorpresa que el brazo que estaba tieso ya lo podía mover, en mi cuerpo y en mi mama ya no había dolor.  Fui al médico, me hicieron unos exámenes, el médico no podía creer que ya no tuviese nada de nada.  Me volvió a sacar exámenes pues no se convencía de que Dios me había sanado, si ¡Me había sanado!

Volví a vivir otra vez, sentí que rejuvenecí, mi corazón y mi fe habían crecido, podía sentir un fuego dentro de mi y una gratitud muy grande por Dios, por haberme sanado.  Volví a salir de mi casa, salía todos los días a comprar, y volví otra vez a congregarme, dando testimonio de que Dios me había sanado.  Al paso de una semana volvió a visitarme otra vez la pastora que me oró por mí, pero esta vez vino son una hermana y Su Papá.  Al divisarlas de lejos comencé a gritar y a saltar diciéndoles: ¡Miren, Miren el Señor me Sanó! Levantaba yo los brazos de alegría y para que ellos vieran que mi brazo también estaba sano.

La pastora había traído a su papá para que me pusiera una lamparita al lado de mi cama, con un interruptor en ella, para que no tuviese que levantarme en la noche a prender la luz a la entrada de la puerta de mi pieza.  Dios se había ocupado de mí y de mi necesidad, qué más podía yo pedir…..Dios había mandado ayuda a mi casa, con solo una oración Dios respondió a mi súplica. Con el paso de las semanas siguieron visitándome, me ayudaban siempre que venían en lo que yo necesitara, me sentí querida por ellos.  Esta experiencia cambió mi corazón para con Dios, ya no había miedo, ya no tenía miedo a la muerte o que me enfermara otra vez.  Volví a sonreír, volví a vivir otra vez, conocí mejor a Dios y la gratitud que brotaba de mí se la manifestaba en cada oración que hacía.  No tenía riquezas  ni una gran casa, pero el tener a Dios, tener paz y estar sana son la mayor riqueza que podemos tener.  Dios lo puede hacer posible tan solo si tú crees, si hoy clamas por ayuda El te responderá, así como lo hizo conmigo también lo hará contigo, para Dios todo es posible.

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