REFLEXION: EL PROPOSITO ETERNO NO ES HUMANO...

 

Nunca olvidaré la sensación que tuve cuando terminé de presentar y defender mi proyecto de título, y los profesores con una sonrisa de aprobación diciéndome: “Felicidades Colega”. Sin duda es un motivo de mucha alegría para cualquiera que estuvo años estudiando en alguna institución de educación superior.

Una sensación de ligereza, en el que una mochila llamada “carrera universitaria” se te desprende de la espalda para dejarte a la deriva de asumir la propia responsabilidad de hacerte cargo de tu vida, dejándote sin excusas para dejarse estar, para impulsarte a emprender cosas nuevas. Aunque creo que una carrera universitaria no debería ser el único impulso para emprender cosas nuevas, sino lo que el Señor dice de nosotros.

Después de ese emotivo momento la primera pregunta que se me vino a mi mente fue: “¿Qué hago ahora?” No tenía claridad de qué debía hacer, salvo unos proyectos de los cuales el Señor habló a mi corazón hace un tiempo. Sin embargo, no sentí que mi persona había cambiado, no sentí que ahora “la cosas cambiarían”. Me sentí igual de inmaduro, pero con un cartel que dice que soy alguien profesional, sentí que con título o sin título soy el mismo, y lo que genera reales cambios es mi actitud frente a los desafíos. Y sin duda alguna, mi actitud frente a los desafíos, especialmente los que pone el Señor en mi corazón, tienen que ver con CÓMO me veo a mí mismo, y en base A QUÉ me defino: ¿un título? ¿Algún logro laboral? ¿En base a comentarios de gente externa sobre mí?  ¿En base a mis fracasos? ¿La aprobación de los demás? Hay muchas referencias sobre las cuales la gente se construye una imagen de sí misma. Muchas referencias que son limitadas y superfluas, que adquieren valor para una sociedad humana que se construye a sí misma a partir del reducido rango de percepción del hombre. 

¿Qué es un título sino una categoría que ha sido inventada por el hombre para diferenciar y apartar socialmente a una persona para una función específica? Pero acaso esa función social ¿debería ser la que define el propósito eterno de alguien? ¿Una identidad, que es eterna, debiese forjarse a una categoría creada en una sociedad que cambia constantemente y no permanece? Lo mismo podríamos preguntar cada vez que encontramos un nuevo empleo, somos ascendidos, somos cesantes, o cualquier situación que tenga que ver con nuestro desenvolver humano.

Pero en realidad no se trata de lo que hagamos, porque lo que hacemos refleja lo que creemos de nosotros mismos.  Entonces lo que hacemos depende de cómo hemos construido nuestra propia imagen de nosotros, lo que creemos y pensamos de somos. ¿Qué pensamientos tienes de ti mismo?

En Proverbios 23: 7 dice lo siguiente: “Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él.”

Si leemos con detención este verso podremos entender, al menos, 2 principios básicos. El primero es que los pensamientos nacen del corazón, no de la mente. Y el segundo es que los pensamientos determinan la forma que eres, la forma en que te desenvuelves en el vivir cotidiano. Esto es respecto a los pensamientos.

En cuando a la dimensión del Creer, en Romanos 10: 9 “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”

En este verso podremos entender que para ver resultados verdaderos de nuestra salvación hay que Creer con el Corazón. El creer del corazón determina los resultados de nuestra forma de vivir. Entonces lo que creemos y pensamos desde nuestro corazón inevitablemente tendrá resultados en nuestra personalidad y la identidad que tenemos. Y se podría decir que la manera en que reaccionamos, actuamos frente a las distintas situaciones que vivimos refleja  lo que pensamos y creemos realmente desde la profundidad de nuestro corazón. Cada vez que está el temor de ejecutar una acción que el Señor nos dijo que hiciéramos, nuestro corazón lucha por creerle a Él, lucha con esos pensamientos que nos dicen que “no lo lograrás”, “que no eres capaz”, etc.  Si hay temor, es porque no nos sentimos capaces, no nos sentimos confiados. Tenemos una imagen de nosotros mismos que fue construida por las experiencias que hemos tenido desde nuestros 5 sentidos y en base a eso nuestro corazón ha creído y pensado. Si el Señor nos habló y no anduvimos en aquello que nos dijo, es porque no creímos en nuestro corazón, sino que tuvo mayor valor nuestra propia creencia, buscamos lo nuestro.

 

El Amor es la sustancia

Sabemos que el Señor a cada uno nos entregó una medida de fe, la cual “es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11: 1)  Y en ese sentido nuestro corazón debería tener la fe que permita vernos a nosotros mismos desde un ámbito invisible. Vernos como el Señor nos ve en Su Corazón, y en esa imagen a la cual Él nos creó realizar las obras a las que él nos envió, cumplir el verdadero propósito. Porque tal como piensas y crees en tú corazón, así eres. Si no sucede aquello, es una fe sin obra, muerta, porque no nació del corazón, sino en un entendimiento mental.

No hay que esperar a tener un título, un trabajo, salir de la escuela para hacer lo que el Padre te ordenó, porque él te formó desde antes de que nacieses, Él ya te dio una identidad. ¿Por qué esperar estas cosas para obedecer al Señor? Su propósito es eterno, ya eres alguien para Él, no esperes que otras cosas definan tu identidad, no esperes que otras situaciones te digan de qué eres y no eres capaz.  Lo que el ser humano da por real y verdadera es vanidad y egocentrismo. ¿Por qué creer que el hombre con solo 5 sentidos podría ser capaz de decir que es verdadero y qué no es? No somos a imagen del Hombre, sino a imagen del Padre que está en los Cielos. No tenemos que satisfacer al hombre, sino al Padre.

¿Y quién es el Padre, sino el AMOR? Dios es Amor, el amor que no es egocéntrico porque no busca lo suyo, no se define en base a logros terrenales para hacerse valer frente a otros. Es el Amor que TODO lo cree, incluso lo que escapa de nuestros 5 sentidos, Porque el Amor produce fe, creer más allá de lo visible, todo lo cree.

1Corintios 13:8 dice: “El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.”

Todo se acabará, pero Su Amor permanece para Siempre. Y cuando el Amor dice quién eres y le crees con tu corazón, caminas en lo eterno, en La Sustancia que es Cristo, en el Verdadero propósito. Un trabajo, un título profesional deja de ser el reflejo de tu identidad, sólo es una herramienta más de las que el Padre te entregó para cumplir un plan mayor.

Lo que no es Amor es palabrería, una ilusión, una filosofía hueca de humana sabiduría, un “criterio” de verdad sin sustancia, efímera y llena de falsedad, obras muertas. Lo que no nace del Amor, NO ES. 

Please reload

Últimas Publicaciones

October 12, 2018

October 5, 2018

Please reload

Corporativo

  • Facebook
  • Instagram
  • Twitter
  • YouTube