SEMILLAS DE ESCLAVITUD: COMPRENDIENDO IDEAS QUE NUTREN NUESTRO TIEMPO

24/10/2014

Por Hernán Donoso

Profesor de Filosofía

 

Que Chile ha cambiado, suele ser la razón para toda suerte de afirmaciones y proposiciones respecto de la postura que la nación debiera adoptar respecto a los comúnmente llamados “temas valóricos”. Tal eslogan parece querer decir algo así como, “debemos hacernos cargo de la realidad que la nación hoy vive”, pero señalando la actual realidad de la nación en todo orden de cosas como el resultado de un flujo de acontecimiento que ha resultado en lo que hoy tenemos sin más causa que el azar, ignorando que en gran medida la historia de una nación es el resultado de sus decisiones, y la  decisión más fundamental que tanto un individuo como una nación pueden hacer es esta, en quien y en qué va a creer.

 

Quienes gobiernan parecieran no tener en consideración la fuente, la palabra que define su investidura. Dicho de manera rápida y sencilla, gobernante viene del griego “kubernetes”, que quiere decir, capitán de barco, en definitiva, uno que conduce el curso de una embarcación en las aguas. Un gobernante es un direccionador, y es que el poder ejecutivo dista mucho de ser un mero ejecutor y tiene mucho de conductor, y quienes maniobran el timón y las velas tienen una manera de pensar que los lleva a ver el mundo de una determinada manera, a valorar esto y desestimar aquello, a hacer las cosas así y resolver los problemas por tales vías. Nuestra voluntad está supeditada a aquello que tenemos por verdadero y los gobernantes no son la excepción. Las políticas públicas de los últimos 30, 40 o 50 años han sido sino la inevitable y clara manifestación del sistema de creencias de quienes han decidido.

 

Hay una antorcha puesta en la mano de quienes educan en nuestro país que ha llevado a las generaciones de la nación a descender cada vez más en ignorancia, una ignorancia de propósito, de sentido de destino. Se le ha enseñado a las masas que el propósito de la vida es ser feliz, se les ha inculcado a los padres a tener niños felices antes que sanos y que esa felicidad está ligada a tener lo que quieras y hacer lo que quieras, en tanto no dañes a alguien más. Tal pensamiento ha producido adultos con mentalidad adolescente que no son capaces de postergar un deseo con miras a un objetivo mayor, que piensan que deben hacer lo que sienten y que la libertad reside justamente en el poder seguir sus impulsos, y década tras década los seres humanos se han ido volviendo más semejantes a animales que viven en la inmediatez de sus instintos, presa fácil para ser esclavizados y sometidos en nombre de la libertad. ¿Pero esperen un momento?  ¿No es acaso ya sabido que la ciencia “descubrió” que los seres humanos son animales? Tal es la premisa sobre que el gobierno y la sociedad está caminando, estas ideas han impulsado el levantamiento de corrientes de pensamiento como el humanismo e ideologías como el socialismo que han influido ampliamente, ambos tienen sin embargo sus raíces en el naturalismo y el pensamiento materialista que se sigue del mismo.

 

La Antorcha de la Ignorancia

 

Hubo en la antigua Grecia  una corriente filosófica llamada el atomismo( usaré a continuación algunos términos que no pertenecen a la época de la antigua Grecia pero que describen sin mayor discrepancia el pensamiento atomista según sus textos y las descripciones de los expertos) , que postulaba básicamente que la realidad era un conglomerado probablemente infinito de partículas invisibles al ojo del hombre que tenían por única diferencia sus pesos, ahora bien, tales partículas se movían de continuo producto del choque las unas con las otras, dicho choque era solo resultado del azar. La realidad visible era el resultado de aquel choque de partículas, de manera tal que el caos y la incertidumbre en lo microscópico producía orden y armonía en lo microscópico. Algunos de estos atomistas sostenían que los hombres venían de una sucesión de transformaciones a partir de los animales. Por último, como conclusión de ambos puntos, sostenían que en la vida práctica cuestiones como el bien o la justicia no eran sino una convención de los hombres puesto que todo lo que existía eran aquellas partículas que los seres humanos interpretaban de acuerdo a su perspectiva como una realidad que verdaderamente no era más que su perspectiva, la verdad era solo interpretación, y lo mismo cabía en el ámbito del deber, de manera que eran moralmente relativistas.

 

Estos tres puntos de vista presentes en la antigua Grecia, volvieron a presentarse como resultado del avivamiento griego que experimentó el occidente europeo a partir de lo que conocemos como el renacimiento que tuvo sus primeros albores en el siglo XIV, estuvo marcado por el surgimiento del humanismo en el cual la experiencia subjetiva del hombre se torna en el medio para pesar y medir la realidad, el bien y el mal. Nacen con ello conceptos como los de subjetivo y objetivo señalando con lo primero sectores de la realidad que son construidas por el hombre y dependen de él siendo por tanto su responsabilidad, en contraposición del segundo, el de lo objetivo, que refiere a aquello que existe con independencia del hombre y que escapa por tanto de su responsabilidad y que es con aquello que el debe contar y por lo tanto en lo que debe confiar, tal ámbito de lo objetivo estará marcado por las ciencias que operan de acuerdo al método científico y las matemáticas, entre otros saberes.

 

Así se construirá una imagen del mundo en la cual la realidad es un flujo de eventos que ocurren de manera mecánica de acuerdo a leyes estáticas, dentro de dicha realidad se encuentra el hombre el cual es también parte de la naturaleza como un animal que por impulso también de la naturaleza se ha convertido en un ser tal que ha desarrollado la capacidad de interpretar la realidad construyendo un orden intersubjetivo que llamamos sociedad, en dicho orden él existe como una persona, como un “yo”, el cual  es fruto de la operación de construcción que el hombre opera en su continuo interpretar la realidad. De manera tal que en lo que realmente nos importa más allá de si la tierra gira alrededor del sol o los átomos son ruedas fijas o nubes de energía informe, lo que realmente nos parece importante, la respuesta para el qué hago de mismo, sucede que nunca ha habido más que una fantasía que nos hemos inventado, y la única libertad que tenemos es la de pensar y actuar de acuerdo a nuestros pensamientos, porque eso que llamamos verdad jamás existió, la luz no era real, todo lo que nos quedan son las oscuras cavernas de la ignorancia y lo más real que tenemos es la antorcha que hemos logrado encender, léase, las explicaciones que hemos construido para suponer que sabemos dónde estamos y adónde vamos.

 

La forma de pensamiento que venimos describiendo es conocido como naturalismo, los naturalistas creen que la naturaleza entendida como el mundo que nuestros cinco sentidos como base de conocimiento nos permiten conocer es la única realidad y su observación y el razonamiento en base a tal observación es la única fuente de conocimiento legítimo. El punto fuerte aquí es este, los naturalistas "creen", ellos no tienen forma de mostrar que la naturaleza es todo lo que existe, estamos como se ve, invirtiendo su argumento. En una realidad infinita, cuestión postulada por el naturalismo, una inexistencia no puede ser demostrada, nadie a encontrado la prueba de que Dios no existe, un argumento comúnmente usado es el que dice que no hay Dios puesto hay mal en el mundo, Dios no existe. Pero ese argumento supone de antemano que si Dios existe todo debe ser bueno, cuestión que no tiene sentido alguno. Los naturalistas han decidido creer que todo lo que hay es lo que ellos pueden palpar, es solo una creencia que no se puede demostrar. La Biblia dice que los seres humanos han sido cegados y que es causa de eso que no pueden ver más que lo que les muestra su cuerpo, pero que si siguieran un cuerpo de instrucciones dado por el Padre, podrían volver a experimentar lo que su cuerpo no les permite hoy experimentar. Sin embargo el naturalismo se fundamenta en la decisión de no creer que hay Dios, digámoslo claro, es la decisión de no creer que hay Dios, no en el hallazgo de su inexistencia, si no en el deseo de no creer en su existencia, luego de esa decisión, llueve todo un paradigma y sistema de pensamiento fundado en el presupuesto de que el universo sencillamente está allí sin más y hay que deducir como es que está allí sin más. Y así, habiendo descendido a las cavernas, el hombre con la antorcha comenzó a construir un mundo en base a lo que en las sombras podía ver.

 

Hay un dualismo dentro del sistema humanista, es el que se da entre naturaleza y sociedad; este sostiene que todo el universo es una formación cerrada y mecánica en la cual aún los cambios ocurren tan solo por leyes causales y de probabilidad, con independencia la voluntad y percepción humanas, por otra parte, la sociedad es una construcción artificial, es decir, una invención de los seres humanos, dentro de ella caben las normas sociales, pilares de la vida en comunidad, tales normas serían solo convención y no tendrían conexión con la naturaleza, por el contrario, irían específicamente contra la naturaleza, por ejemplo, la naturaleza del hombre es ejercer su sexualidad con quien quiera y donde quiera, sin embargo las normas sociales van contra esta naturaleza, de manera que la naturaleza del hombre consiste, para esta teoría, justamente en su antinaturalidad, el hombre tiene pues por marcas centrales el sometimiento de la naturaleza a su voluntad  y, desde este punto de vista, el cuerpo humano, lo más natural que el hombre tiene, debe someterse a la voluntad y no determinar al hombre en manera alguna, de manera tal que así como el hombre vuela sin ser ave y nada sin ser pez, porque así lo quiere y se da los medios para hacerlo, el hombre puede actuar de acuerdo a lo que se ve socialmente como una conducta femenina si lo desea ya que no está determinado por el cuerpo y en última instancia aquello que llamamos femenino, como parte de los cánones sociales, es una construcción artificial de la voluntad humana, de manera que no viene al caso ningún argumento que acuse antinaturalidad en el homosexualismo puesto que es justamente la antinaturalidad la esencia del ser humano, esto no es algo nuevo, son ideas con al menos 200 años, enseñadas implícita y explícitamente de muchas maneras, ese es el motivo por el que dada la repetición durante generaciones se volvió una creencia. Pero así como puede el hombre si quiere volar, pero no por ello ser ave, una mujer que se siente hombre y quiere ser hombre no se haya por eso en capacidad de volverse hombre, puede parecer hombre, pero no serlo, porque no lo es. Tal visión del ser humano ha llevado a tomar por normal la homosexualidad, pero la afirmación de normalidad en tal conducta tiene tras de sí todo el bagaje conceptual que hemos venido desarrollando y que descansa en las premisas infundadas de que Dios no existe. ¿Sabe alguien que Dios no existe? La respuesta es que no, mucha gente cree y piensa que Dios no existe, porque piensa que la ciencia ha descubierto que Dios no existe cuando tal descubrimiento jamás ha ocurrido en la historia de la ciencia ni de la filosofía, es solo un presupuesto teórico que ha sido aceptado por la comodidad práctica que ofrece para que el hombre haga lo que se le plazca sin el pensamiento de tener que responder ante alguien sobre sí mismo.  

 

El sistema de pensamiento humanista y naturalista ha dado a luz muchos sistemas filosóficos, teorías científicas, movimientos culturales y sistemas políticos que descansan en los supuestos naturalistas de que no hay Dios y de que lo único real es lo que podemos experimentar y razonar desde nuestros sentidos. Ellos usan el sistema educativo de las naciones como campos de concientización ideológica humanista y llaman obsoleto y absurdo a todo pensamiento que no parta de sus premisas, es que el humanismo es una religión, y una de las más dogmáticas y violentas que puede haber. Pero la añoranza de lo verdadero siempre permanece y el ser humano visionará  sobre la base de sus propias percepciones  las interpretaciones de la realidad que más obedezcan a sus expectativas y entonces de manera semejante a quien en las culturas idolátricas sencillamente selecciona a que deidad ofrendar y en qué depositar su confianza, el hombre correrá tras las ideologías, imágenes de mundo fabricadas por los talladores de imágenes de la filosofía y las ciencias del hombre, quienes producirán proyectos de mundo a los cuales entregar a las naciones a fin de conseguir los objetivos que el corazón de los seres humanos se proyecta. No creerá en algo por ser verdadero, si no que por su utilidad respecto de la satisfacción de los deseos humanos. 

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