EL AVP: LAS TRAMPAS DE LA URGENCIA

07/10/2014

Por Javier Castro A.

Historiador y Director Ejecutivo C.E. Oikonomos

 

La suma urgencia al AVP no ha dejado a nadie indiferente. Recientemente el Diputado Tarud increpó al Embajador británico Jon Benjamín por señalar que “aprobar el AVP sería un paso adelante para Chile”; independiente de su desprolija actuación como diplomático, Benjamín representa a la oleada internacional que ha recibido fervorosa el matrimonio homosexual en múltiples países y que con tanto ahínco mediático pretende aterrizar en Chile con “suma urgencia”. Cabe entonces cuestionarnos, ¿a qué se debe esta “suma urgencia”? ¿Cuál es el trasfondo del AVP?

 

Es relevante mencionar de partida que el AVP no piensa en la familia, sino que primariamente en la pareja, lo que acota su definición a una regulación de caso especial, se convierte en una fórmula de segunda categoría, un matrimonio a medias, una familia en el limbo. Aún cuando el argumento sea la necesidad de regular situaciones patrimoniales y económicas –que además en la jurisprudencia ya existen y que son posibles de mejorar y resolver–, ¿para qué un AVP si donde se han implementado acuerdos de este tipo han sido un total fracaso de política pública “por la familia”?

 

El caso más emblemático es el francés –el cual nuestras eminencias no dejaron de considerar– donde después de 13 años de que se aprobara el PACS (Pacte Civil de Solidarité) de las parejas constituidas entre los 18 y 39 años: 80% corresponden a matrimonio, 16,7% a Uniones Libres y solamente 3,3% a los PACS. Esto quiere decir que de 100 parejas, tenemos 80 casadas, 16 conviven y 3 son “Pacseadas”. De las parejas con PACS un gran número de ellas al tener hijos optan raudamente a la figura que aún continua siendo la más fuerte, el Matrimonio. En otras palabras, las personas que no se casan todavía prefieren convivir sin contrato de otro tipo. Entonces, ¿para qué el AVP, si se prevé un fracaso? ¿O será que el fracaso del AVP está contemplado como una primera etapa para “sensibilizar” a la opinión pública de que este acuerdo civil ya no es suficiente para las organizaciones homosexuales que resultan ser las más interesadas en la aprobación de este y por lo tanto debe sugerirse directamente el matrimonio homosexual? Señores todos, dejemos de engañarnos y seamos claros al reconocer que AVP y matrimonio homosexual, son parte de la misma agenda ideológica de género, donde el AVP representa una estación de preparación pero en definitiva la ruta es la misma, el matrimonio gay.

 

¿Cuál es el sentido de la urgencia? Obviamente aprobarlo antes de un posible gobierno de Bachelet y anotarse los “porotos”. Pero transversalmente quizás influya ese imaginario de provincialismo que arrastramos, el de no querer ser más un “país isla”, de arrancar de la “maldita periferia” y ser parte del centro, de aquel liberalismo de las grandes tendencias mundiales, pues de todas formas ser “gay” está de moda… es parte de una “cultura desarrollada” es no dejar de ser ¿progresista?; Premios nobeles, artistas, políticos, futbolistas, escritores y un sin más de personalidades, han sido parte de las multitudinarias “marchas del orgullo gay”, bajo el lema de ser parte de las nuevas formas de familias que nos hemos confeccionado a la medida de una sociedad cada vez más individualista, light e hipersensorial.

 

Por lo visto, la clase política chilena que dice trabajar por la promoción y fortalecimiento de la familia no dimensiona que el AVP no es exclusivamente un jueguito estadístico en el ranking político, que entre otras cosas de manera injusta pretende elaborar derechos especiales que se basan en los privilegios que busca una minoría sexual, tratando de imponerlos en el marco de un país que en su mayoría posee una condición heterosexual y un basamento cultural de tradición cristiana. ¿No existen realmente otras problemáticas que merecen realmente urgencia en Chile?, ¿No son la educación y la salud dos aristas que necesitan por su fragilidad “extrema urgencia”?, ¿Podría ser hoy más urgente que nunca una reforma total al SENAME?

 

Aún más profundo, lo que realmente está en discusión y debe ser sometido a debate, gira en torno a si es que legitimaremos el concepto de familia que se considera constitucionalmente como núcleo fundamental de la sociedad, que posiciona al matrimonio como base de dicha familia y que contempla la biparentalidad (el binomio padre/madre) como elemento fundamental o meramente accidental de la filiación.

Por lo demás, los que creemos en la familia nuclear, esperamos con “suma urgencia” respuestas coherentes, racionales y honestas por parte de aquellos que dicen laborar incansablemente por el bien común de Chile y de nuestras futuras generaciones.

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