TESTIMONIO: "VIVI EL DOLOR, PERO DIOS ME SANO Y ME HIZO LIBRE"

02/10/2014

Por Victoria Alvarez.

 

Quiero compartir mi testimonio, porque creo que todo lo que nos acontece en nuestra vida, es necesario y tiene un propósito. Soy una mujer de 44 años, separada, con dos hijos maravillosos. Vengo de una familia numerosa, de 6 hermanos, que con mucho trabajo y esfuerzo nos sacaron adelante y recibimos de nuestros padres muchos valores y principios; sin embargo no teníamos una verdadera relación con Dios. (Vengo de una tradición familiar católica).

Me casé a la edad de 24 años y los primeros años de mi matrimonio fueron hermosos, pero cuando quisimos ser padres, nos encontramos con un lapidario diagnóstico: infertilidad. En esa búsqueda, viví años de mucha angustia, desesperación, impotencia, sufrimiento, dolor, exámenes y tratamientos infructuosos (añadiendo la presión de los cercanos y la sociedad), el diagnóstico de infertilidad era mi peor y constante pesadilla. Fueron los años más tristes y oscuros de mi vida y mi alma era una y otra vez torturada. A la edad de 33 años, Dios salió a mi encuentro y cambió la historia de mi vida para siempre. En ese momento estaba aún casada y estaba luchando aún para ser madre.

Pero lo que no fue posible de manera biológica, el Señor me lo concedió, entregándome el cuidado de dos pequeños niños que necesitaban un hogar, una familia. Fueron tres años de angustiosa espera, pero finalmente logramos traernos a casa a nuestros niños, hermanitos, que llenaron nuestra vida y la casa de alegrías y juegos. Mi corazón se volcó por completo a ellos. Es más, Dios conmovió mi corazón y tengo la certeza de que los amé desde el primer día que los vi. Al poco tiempo éramos una familia completamente feliz. Asistíamos con ellos a una Iglesia, donde yo había entregado mi vida a Jesús. Por las noches mis hijos, no se quedaban dormidos si no les leía una historia bíblica. Pasaron un par de años y todo dio un vuelco en esta historia, de pronto me quedé sola con mis hijos y mi familia feliz, se destruyó.  Mis hijos estaban entrando en la adolescencia cuando su padre se fue de casa, al día siguiente del cumpleaños de mi hijo mayor.

Ya han transcurrido más de 6 años desde entonces. Cuando una familia se destruye, se cae todo a pedazos. No sólo es afectado el matrimonio, sino también los hijos. Lo más terrible es que mi alma fue cautiva de dolor, de donde sin la ayuda de Dios es imposible ser libre. Y no solo la mía, también la de mis hijos. En cuanto a ellos, es difícil describir el daño que sufrieron, porque sus sueños de tener una familia normal fueron destruidos. Cada uno pasó diferentes procesos, unos más difíciles que otro, pero el Amor de Dios nos mantuvo unidos hasta el día de hoy. Doy gracias a mi Padre eterno por sostenernos en esos momentos tan difíciles. Sin su Amor, su apoyo, su consuelo, su paz, habría sido insoportable.

Después de años de vivir así, creyendo conocer a Dios, no había sido completamente libre, aún siendo fiel a Dios, seguía pasando por tiempos de depresión, de tristeza y desesperanza. Miraba a mi alrededor y no había sido transformado nada. Por ignorar que necesitaba ser perdonada y sanada por mi maldad y la de mis antepasados y sanada en mi interior desde el Espíritu, había vivido años de esclavitud. Hoy puedo darme cuenta que solo estaba sobreviviendo, pero no estaba experimentando la plenitud de vida que DIOS tiene para sus hijos. Entonces el Señor nos llevó a una Iglesia en El Monte, donde mis Pastores, llenos de Amor, nos acogieron y comenzaron a enseñarnos la Palabra de DIOS, pero bajo la Revelación de Jesucristo.

Fuimos ministrados y el Señor comenzó su preciosa obra en nosotros, trayendo tanta vida y conocimiento de los propósitos de DIOS para cada uno. Lo que por años no había dado fruto, ha comenzado a darlo en este tiempo. Dios cortó en nosotros todas las maldiciones, todas las enfermedades, todas las ataduras. Ha traído tanta LUZ a nuestras vidas y Revelación de quien es EL  y que hemos sido diseñados desde la eternidad para Gobernar. Dios ha ido quitando de nosotros todo velo que nos impedía conocerlo y OIR SU VOZ. También nos ha enseñado que por causa de la religiosidad, de las estructuras, no habíamos experimentado su Poder y Sobrenaturalidad. El es la fuente de vida, un manantial inagotable que está disponible para nosotros, sus hijos, para todo aquel que tiene hambre y sed de EL. Una de las verdades que me ha impactado más, es que DIOS no necesita intermediarios, que el poder OIR SU VOZ, no es un privilegio para algunos, sino para todos los que anhelen caminar en una relación intima con EL.

Hoy caminamos en libertad, estamos siendo preparados para nuestros propósitos. Jesús, gracias a su poderosa sangre, nos ha traído de muerte a vida, nos ha abierto las cárceles del alma, nos ha comenzado a sanar completamente las heridas, nos ha llenado de esperanza y ha roto las cadenas de opresión. Cuando ahora veo reír a mis hijos, cuando los oigo orar, estudiar la Palabra de Dios, dar sus primeros pasos en el Ministerio, solo puedo decir! GRACIAS JESÙS POR HACERNOS LIBRES!

Isaías 61:1-11

Cuando Dios me envió a Casa de Fuego, me envió con esta Palabra y se está cumpliendo en nosotros.  También esta promesa es para ti, solo debes creer. ¡¡A Dios sea toda la Gloria!!

 

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