EL ABORTO: UNA LUCHA ENTRE VOCES ¿A QUIEN VAS A OIR?

11/09/2014

Por Macarena Donoso

Centro de Estudios Oikonomos

 

 

¿Qué es abortar? tiene varias definiciones, pero dos de ellas resultan ser más apropiadas e impactantes para lo que quiero apuntar. La RAE indica que abortar es interrumpir, frustrar el desarrollo de un plan o proceso y, además, producir o echar de sí algo sumamente imperfecto, extraordinario, monstruoso o abominable. Actualmente es común oír a cerca de ciertos tipos de abortos, cada uno de ellos es aceptado o rechazado por determinados criterios, ya sean médicos, políticos, culturales y/o religiosos .Algunos dicen ¡sí! Y otros dicen ¡no! ambos atribuyéndose la autoridad de decidir sobre la vida de seres pequeños que, a la vista del mundo, no tienen voz y por lo tanto no tienen nada que decir sino hasta emerger del vientre de la madre.

 

El aborto va más allá de querer solucionar un problema o evitar un sufrimiento, claramente es imposible evitar un sufrimiento. Pensar que el aborto es una experiencia “un tanto dolorosa” y que luego de que este ocurre la vida continúa sin mayores consecuencias es un ciego error. De hecho, además de causar dolor y acabar con la vida de un ser supuestamente indefenso, la madre está acabando con la vida de ella y de quienes la rodean.

Cuando un ser humano decide no dejar vivir, crecer, amar y ser amado a otro ser humano, no está afectando solo a un individuo, es toda una generación perdiéndose. Esto último porque parte trascendental de la vida es reproducirse, hacer nacer una nueva generación y el aborto viene a cortar este ciclo de vida, haciendo que toda una generación desaparezca.

Actualmente se conocen dos tipos de aborto, uno es el que pretende la eliminación de un feto cuando se predice, con altas probabilidades o certeza, que este nacerá con un defecto y/o enfermedad (aborto eugenésico), y el otro refiere a una interrupción voluntaria de un embarazo antes de la viabilidad fetal por razones de salud materna (aborto terapéutico).

 

En el portal de noticias Aciprensa, los doctores Concepción Morales y Adolfo J. Castañeda, señalan lo siguiente:

“¿Qué se debe hacer cuando peligra la vida una madre embarazada? En primer lugar hay que distinguir entre el mal llamado aborto “terapéutico” y el “aborto indirecto”. El aborto “terapéutico” es un aborto directo porque mata directamente al bebé no nacido como medio para presuntamente salvar a la madre, cuando en realidad hay otras alternativas para salvarla a ella y a su bebé no nacido. Por consiguiente, el aborto “terapéutico”, como todo aborto directo o provocado, es un acto intrínseca y gravemente inmoral, por cuanto constituye la destrucción directa de un ser humano inocente, y por ello no está justificado en ningún caso. En realidad la frase aborto “terapéutico” es una contradicción en términos, porque ningún aborto salva o cura a nadie… En el caso de un “aborto indirecto”, no se trata de que el médico escoja entre salvar al bebé no nacido o a su madre, se trata de optar por salvar las dos vidas. Si a consecuencia de tratar de salvar a las dos vidas, muere una, ello no depende de la opción del médico.”

Como señala el extracto citado anteriormente, existen alternativas para salvar a la madre y al bebé no nacido. Un ejemplo es que la medicina ha logrado obtener instrumentos, equipos de alta tecnología, que permiten sacar al bebé con menos edad gestacional del útero materno, logrando perfectamente la estabilidad del recién nacido y de la madre.

A partir de lo anterior, vemos que es imprescindible ser una sociedad enterada e informada, que necesitamos un mayor entendimiento de lo que escuchamos, leemos y creemos. La ignorancia es una gran piedra de tropiezo y, en este caso, un tropiezo que lleva a la muerte de seres humanos.

La anencefalia, que es la mal formación del cerebro del niño, es una severa enfermedad que ejemplifica el temor actuando en la vida de las personas y abriendo paso al aborto como una solución viable. Cuando esta es diagnosticada, los padres se ven enfrentados al desesperanzado panorama dado por del médico: que él bebe no nacerá, o que solo vivirá un par de minutos fuera del útero materno. En estas situaciones los padres son inundados de temor, frustración y oyen una voz que dice que es mejor interrumpir la vida del ser en gestación para que no sea tan doloroso el proceso de perder al niño.

Sin embargo, existen testimonios que alzan una voz de esperanza, una voz que dice ¡alto! ¡Todo es posible! una voz que anuncia que el amor es más fuerte que la muerte, es una batalla entre el amor y el aborto. Hay testimonios que hablan de este amor.

 

A Eliot, estando en el vientre de su madre, se le diagnosticó una enfermedad: Trisomía 18 o Síndrome de Edward, que es una anomalía cromosómica que afecta al crecimiento y desarrollo del bebé estando en el vientre de su madre. Los médicos advirtieron que el niño no nacería, sin embargo, ambos padres se aferraron a la fe, impulsados por el amor y perseveraron. Luego de dos meses nació Eliot, pesó más de dos kilos y medio y, para sus padres, él era un milagro. Finalmente Eliot vivió 99 días, mucho más de lo que predecían las voces del temor. Por más o menos que se viva, la vida de un ser es el sustento de otra vida, es quien llena de amor, fortaleza y esperanza. Claramente el amor todo lo puede, en la historia de Eliot fue este amor el que venció.

Hoy Chile y las naciones necesitan dejar de buscar el beneficio propio, cesar de hacer lo que sea con tal de estar bien con todos y/o llenarse los bolsillos de dinero mal recibido a causa de una o varias interrupciones hacia la vida de un preciado ser humano que ha sido rechazado, que se le ha tapado la boca e intentado decidir por él. Los abortistas no son solo aquellos que hacen su “trabajo” en clínicas clandestinas, son todos aquellos que han decido callar, cruzarse de manos y pies, viendo como se aborta y desaparece generación tras generación.

Aún estamos a tiempo de ir en contra de la muerte. No nos referimos a marchas o guerras, sino a levantar una voz diferente, una voz que pronuncie vida y consigo esperanza en cada rincón del mundo, nos referimos a una vida corriendo en pos de más vidas. El testimonio transcrito a continuación es una de esas voces:

Aborto salino fracasado:

Mi nombre es Gianna Jessen. Tengo 19 años de edad. Soy originaria de California pero ahora resido en la ciudad de Franklin, en Tenesee. Soy adoptada y sufro de Palasia Cerebral. Mi madre biológica tenía 17 años y siete meses y medio de embarazo cuando decidió abortarme, por proceso de inyección de agua con sal. Yo soy la persona que ella abortó. Viví en vez de morir. La Vida Venció.

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