JÓVENES: CUANDO YA NO RECONOCEN, NI OBEDECEN A ESA VOZ

04/06/2014

Por Jizell Torres

 

Desde un principio el hombre tiene la tendencia natural a seguir una voz, estamos todo el tiempo buscando alguien o algo que nos diga que hacer, se puede decir que no funcionamos si no hay palabras que impulsen nuestra conducta, ya que todo sistema tiene una voz que predomina, incluso las veces que decidimos sin preguntar  ni pedir consejos y nos creemos autónomos, nos estamos dejando influenciar por lo que alguna vez alguien nos dijo u escuchamos en algún medio. 

 

Algunos científicos afirman que es muy importante hablarle al feto en el periodo de gestación, se dice que el oído es el sentido que primero se desarrolla y que el feto al oír a sus padres beneficia su desarrollo neuronal y emocional, esto estrecharía los vínculos afectivos entre padres e hijos. Luego cuando nace el bebé, es muy evidente esta relación; cuando llora y los únicos que pueden lograr un silencio de paz, son sus padres, porque el bebé ya reconoce una voz y la obedece.

 

A medida que pasa el tiempo, el niño  debería crecer bajo el mismo principio de obediencia, sólo basta oír la voz de sus padres para no cruzar las calles, no hacer una pataleta, no acercarse a la estufa, abrigarse cuando sea necesario, y así infinidades de reglas que se imponen para el bien del menor; en la inmadurez de un niño son los padres que deben decidir por él y estas situaciones mencionadas anteriormente provocarían también un fortalecimiento en el vínculo, haciendo que se obedezca con mayor facilidad dado al tiempo que se está presente en su desarrollo.

 

Hoy en día el espacio  en familia se ve afectado por diversos factores que ha impuesto la sociedad y que muchas veces no tenemos otra opción que continuar con el mismo sistema, tristemente esto provoca una estructura familiar compleja puesto que ni los padres ni los hijos están dispuestos a involucrarse mayormente en espacios de tiempo para establecer un vínculo importante, dado a que  incluso los sistemas educacionales perjudican este ámbito,  como el implementar la jornada escolar completa, consiguiendo que el niño este menos tiempo en su casa y no se relacione en profundidad con su familia; además también se ha hablado de alguna otra intención acorde al asunto, y es, que los menores tengan menos espacio libre para delinquir o realizar otras prácticas de infracción, para que de este modo no sean consideradas opciones válidas, entendiendo el riesgo que se asume al lograr que el niño no esté con sus padres , ya que si el niño no tuviera jornada escolar completa de igual forma los horarios de trabajo no están considerados para mantener  un tiempo determinado a diario con la familia, en fin, existen muchas razones por las que obstaculiza el vínculo padres-hijo.

 

Según un estudio realizado por el Centro de Familia de la Pontificia Universidad Católica y datos recopilados del Instituto Nacional de la Juventud en la cual se hizo una encuesta donde le preguntan a los jóvenes sobre situaciones problemáticas que pudieron ocurrir entre miembros de sus familias de origen en los últimos tres meses, el problema mas mencionado fue el económico que obtuvo un 62,9%, los mismos encuestados mencionan también  que un 51,6% de los problemas en la familia de origen se dan por falta de comunicación y  el 49,9% se da por la falta de tiempo para compartir en familia, entre otros problemas mencionados pero con menos porcentajes. Estos resultados muestran dos aspectos que tienen que ver con la necesidad de un joven de disponer con una relación estable de familia, con quien  necesita compartir sus experiencias, poseer este vínculo es tan relevante que afirma la identidad del niño,  algo que es muy necesario para el cambio hacia  la pubertad, si es que se carece de relaciones estables de familia, el joven busca en otros grupos y redes sociales que intentan reemplazar el afecto, el tiempo, el compromiso, etc. Este desarrollo social dado en el tiempo que se encuentra fuera de su hogar, tendrá un entorno impreciso a causa de su débil identidad, así adquiriendo presión al momento de tomar decisiones, influenciados por  la escuela, amigos, incluso de profesores que no siempre comparten los valores que enseñan los padres.

 

Los jóvenes cada vez  tienen menos interés por lo que opinan sus padres, esto es alarmante porque no podemos responsabilizar a agentes externos a la familia, si ésta es la fundamental educadora. ¿Por qué se quiere conseguir una educación gratuita? La educación ya es gratis y se encuentra en nuestros hogares, en donde el niño nace, crece y puede confiar, es ahí donde se puede conversar, discutir y aclarar temas que lo ameriten. ¿Le damos espacio a estas instancias en nuestra cotidianidad? ¿En que hemos fallado, que mientras más avanzan los años, aumenta la rebeldía en los jóvenes de nuestro país? Es que hay un problema mayor, no solamente aumenta la rebeldía, pareciera también que ha disminuido la edad en que se le ha determinado como la “adolescencia” ya deja de ser a los 13 o 14 años, algo que nos obliga preocuparnos de nuestras niñas a los 9  años para que no queden embarazadas y que nuestros niños  a la misma edad, no sean alcohólicos; ¿Ya no podemos inmiscuirnos en las vidas de nuestros hijos? En  este periodo es muy importante hacerlo y sigue siendo un deber, no podemos evadir nuestra labor como padres. 

 

Creo que si no somos capaces de que nuestros hijos nos obedezcan, no podremos tampoco exigir que nuestros nietos sean distintos, el deber de nosotros como padres es instruir en rectitud a quienes son de transcendencia también para nuestro país, aparte de esperar mayores cambios en la educación, (algo que claramente necesitamos) no tendrá mayores resultados si la educación familiar no es transformada, partiendo por los profesores, que son los padres mismos. La etapa de rebeldía en nuestros jóvenes puede que sea algo “natural”  que a todos nos ocurra en algún periodo, pero escapa  de su naturaleza en cuanto dejamos que se desarrolle sin cuidado y menospreciamos lo que puede causar a largo plazo.  

 

Quizás nos preguntamos. ¿Cómo recupero la autoridad que he perdido ante mis hijos? El amor de padres nos lleva a sustentar una relación con respeto, el mayor ingrediente para enfrentar la rebeldía de un joven y recuperar la obediencia que alguna vez se perdió, ya que no es difícil adquirir este amor, no es algo que se deba forzar en algún punto, es natural y es en donde nace toda autoridad verdadera y con resultados, estoy segura que ese amor responsable consigue cosas mayores que cualquier otra influencia o relación, porque es la familia el mejor lugar para crecer y en donde nuestra identidad es afirmada, logrando que las confusiones juveniles  y la contrariedad a la opinión de los padres, se diluyan, sin necesidad de darle un espacio mayor. 

 

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